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Un tabú que destruye vidas más allá de la muerte: el suicidio

Este problema de salud pública afecta en mayor medida a jóvenes y pacientes con trastornos mentales; y aunque sus secuelas trascienden a la persona que lo comete, puede evitarse

Según la OMS, alrededor de 800.000 personas se quitan la vida cada año. Hoy en día, el suicidio es la tercera causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad (Pixabay)

15 minutos. Ronnie McNutt, de 33 años, se disparó un tiro de escopeta en su casa en Misisipi, Estados Unidos (EEUU), el pasado 31 de agosto; lo transmitió en vivo desde Facebook, y aunque la compañía eliminó el video original, una copia se viralizó posteriormente en TikTok.

Alain Cocq quiso hacer lo mismo en Francia: con 57 años y aquejado de una enfermedad incurable, decidió dejarse morir el 5 de septiembre y hacerlo público por streaming, pero Facebook lo bloqueó.

En 2009, Nancy ingirió pesticida y María José se ahorcó, como se desprende del documental El silencio de las moscas (2013); ambas vivían en los Andes venezolanos y tenían 15 años.

El suicidio no distingue edad, género ni país: es un mal silencioso rodeado de misterio que causa profunda tristeza y del que muchos pueden escapar.

“Las razones que llevan a un individuo al suicidio son complejas y no se puede generalizar”. Así lo explicó la doctora Carolina Vélez-Grau, profesora asistente de la NYU Silver School of Social Work de EEUU, en entrevista exclusiva con 15 minutos en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra este jueves 10 de septiembre. Sin embargo, también indicó que la literatura científica cita algunos factores de riesgo. Entre otros, destacan el género, la orientación sexual, la salud mental, las relaciones interpersonales y las situaciones estresantes.

COVID-19, ¿catalizador del suicidio?

Un tabú que destruye vidas más allá de la muerte: el suicidio
La "nueva realidad" implica distanciamiento físico (Gerd Altmann/Pixabay)

El nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia de la COVID-19, encendió las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en mayo, debido a su capacidad para alterar la tranquilidad de las personas de muchas maneras. Su directora del Departamento de Salud Mental, Dévora Kestel, reconoció en ese entonces que “crisis económicas similares han aumentado el número de personas con problemas mentales, llevando a tasas de suicidio más altas o abuso de sustancias”.

Por ejemplo, el Observatorio para los Suicidios de Link Campus University de Roma, en Italia, contabilizó 25 suicidios y 21 intentos de suicidio entre marzo y mayo. Por su parte, el Observatorio Venezolano de Violencia registró 94 suicidios en el primer semestre de 2020, con la diferencia de que en enero hubo 7, en febrero y marzo 10, en abril 14, en mayo 36 y en junio 17; es decir, fue escalando. Situación parecida sucede en México, cuyo Consejo Nacional de Salud alertó en agosto de un aumento del 43 % en los casos suicidas entre los jóvenes durante la crisis sanitaria global.

Sin conclusiones definitivas

Entonces, ¿existe una relación directamente proporcional entre el nuevo coronavirus y el alza de suicidios? “Sabemos que epidemias pasadas, como la influenza española, estuvieron relacionadas con un aumento en las muertes por suicidio. Pero es difícil establecer con certeza la asociación entre COVID-19 y el incremento de suicidios a nivel global”, aseguró Vélez-Grau.

Hasta el momento, se han realizado investigaciones puntuales (estudios de caso) o basadas en modelos predictivos que toman como referencia ciertos factores de riesgo. Pero “la literatura científica no es concluyente”, dijo.

La COVID-19 está relacionada con estrés crónico, ansiedad, depresión, insomnio, sentimientos de aislamiento, incertidumbre, uso de alcohol y dificultades financieras. “Todos estos elementos comprometen la salud mental y elevan el riesgo de suicidio”, precisó la experta de NYU Silver School of Social Work en entrevista exclusiva con 15 minutos.

EEUU con tendencia preocupante

Según la OMS, alrededor de 800.000 personas se quitan la vida cada año. Hoy en día, el suicidio es la tercera causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, pero en 2016 fue el segundo motivo de defunción entre el grupo etario de 15 a 29 años.

Un tabú que destruye vidas más allá de la muerte: el suicidio
En 2020 se disparó la idea suicida en EEUU (John Hain/Pixabay)

En EEUU, es la décima causa de muerte desde el año 2008, siendo las armas de fuego, la asfixia (incluidos los ahorcamientos) y el envenenamiento los métodos más usados, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Antes de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, los CDC reportaron un ascenso en las tasas de suicidio, tanto en áreas urbanas como rurales, en el período 2000-2018, si bien el ritmo de crecimiento fue mayor en las zonas rurales.

Con la llegada de la COVID-19 a EEUU, los CDC lanzaron una encuesta sobre salud mental, uso de sustancias e idea suicida entre adultos de 18 años o más. El sondeo se llevó a cabo del 24 al 30 de junio de 2020.

El reporte de los CDC señala que el porcentaje que consideró seriamente el suicidio en los 30 días antes de completar la encuesta (10,7 %) fue “significativamente mayor” entre los encuestados de 18 a 24 años (25,5 %), grupos raciales / étnicos minoritarios (hispanos [18,6 %], negros no hispanos [15,1 %]), cuidadores de adultos no remunerados (30,7 %) y trabajadores esenciales (21,7 %).

Indicios de suicidio entre estadounidenses

Para Vélez-Grau, “esto puede sugerir que sí hay una asociación considerable entre la situación de COVID-19 y el incremento de la idea de suicidio en los americanos mayores de 18 años”.

La ansiedad y depresión igualmente aumentaron en EEUU entre abril, mayo y junio de 2020, en comparación con el mismo período de 2019. “Uno de los eventos únicos entre 2019 y 2020 es COVID-19. Es decir, tiene sentido asociar el coronavirus con el incremento del suicidio”, señaló la experta colombiana radicada en Nueva York.

No obstante, aclaró que la pregunta exacta de ese estudio fue “¿ha considerado seriamente el suicidio en los últimos 30 días?” y no “ha considerado el suicidio debido a la COVID-19?”. En cambio, en la encuesta sí se incluyeron interrogantes específicas acerca del abuso de sustancias y el trastorno por estrés postraumático.

Salud mental y redes sociales

En todo caso, la realidad es que el suicidio es un tema tabú en muchas sociedades, lo que ha dificultado “examinarlo abiertamente” y su prevención tampoco se ha abordado de forma apropiada “debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal”, advirtió la OMS.

De hecho, sus cálculos indican que en 2019 escasos 38 países contaban (o lo habían notificado) con una estrategia nacional de prevención del suicidio. Además, solo “80 Estados Miembros disponen de datos de registro civil de buena calidad que se pueden utilizar directamente para estimar tasas de suicidio”.

Contrario a lo prohibido son las redes sociales, espacio virtual donde conviven 3.960 millones de personas, más de la mitad de la población global, según el informe de Hootsuite y We Are Social del pasado mes de julio. Allí, jóvenes y adultos pasan buena parte de sus días compartiendo mensajes, haciendo pública sus rutinas y consumiendo contenido (positivo y negativo). Sin embargo, no todos los usuarios de las redes sociales están en la capacidad de afrontar y manejar las diversas situaciones que la vida les presenta; es decir, no todos tienen buena salud mental.

“Mi opinión personal es que en las redes sociales hay más beneficios que aspectos contraproducentes”, dijo Carolina Vélez-Grau, de la NYU Silver School of Social Work de EEUU.

Los contra

De acuerdo con Vélez-Grau, cuando se utilizan en demasía las redes sociales pueden causar problemas. “Una exposición constante a la información puede crear estrés y ansiedad. Asimismo, algunos sitios pueden tener información errada. También es posible que el acceso a las redes sociales facilite la información acerca de métodos letales o grupos donde se incentive el suicidio”.

Los pro

Un tabú que destruye vidas más allá de la muerte: el suicidio
Redes sociales: amigas y enemigas (PIxabay)

“En momentos como la COVID-19, las redes sociales permiten que las personas se mantengan conectadas, ya que sentirse emocional y socialmente aislado es un factor de riesgo para el suicidio”. Así lo aseveró la experta colombiana en entrevista exclusiva con 15 minutos.

Las redes sociales proporcionan información necesaria e inmediata en momentos difíciles como la pandemia; puso como ejemplo la ciudad de Nueva York, donde funciona la mensajería de texto. “Los residentes recibimos información de la ciudad que tiene que ver con COVID-19, incluyendo servicios de screening y otros servicios para aquellos que han sido afectados”.

Los sistemas de emergencia ahora están más al alcance de las personas gracias a las redes sociales. A las líneas telefónicas de crisis, “los adolescentes pueden acceder las 24 horas del día y los 7 días de la semana cuando tienen ideas de suicidio o crisis emocionales. En este sentido, las redes sociales han contribuido con que haya más consciencia de la salud mental y del estigma asociado a estos servicios”, precisó.

La propia OMS ha concluido que “las representaciones del suicidio en la televisión, el cine o Internet pueden tener efectos de imitación” si son “sensacionalistas”. En cambio, “pueden tener un efecto positivo en los espectadores cuando incluyen elementos como la superación de la crisis suicida” o la “búsqueda de ayuda”.

Vélez-Grau hizo algunas sugerencias para tratar el asunto desde la cotidianidad. “El reconocimiento de las señales de aviso del suicidio son un primer paso. Déjele saber a esa persona que no está solo, que su vida importa, que hay esperanza de que las cosas puedan mejorar, y de que hay ayuda. Preguntar y estar dispuesto a escuchar sin juzgar puede ayudar”.

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