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¿Por qué los mejillones pueden dañar la diversidad de la Antártida?

Estos organismos se adhieren a los cascos de los cruceros transoceánicos. De esa manera, viajan miles de kilómetros hasta un ecosistema único

Los mejillones son una especie que ya demostró su "alto potencial invasor" (Centro Investigacion Ideal/EFE)

15 minutos. El reciente hallazgo de mejillones en la Antártica abre la puerta a una posible invasión de esta especie, que cambiaría "por completo" el ecosistema del continente blanco y provocaría una "tremenda pérdida de diversidad" para el planeta, reveló una investigación liderada por expertos chilenos y divulgada este lunes.

Las altas temperaturas del Océano Austral por el cambio climático y una creciente afluencia de barcos podrían causar la llegada de invasores a la Antártida.

La existencia de mejillones no se registró nunca antes en este lugar. Sin embargo, dado que se trata de unos "excelentes competidores por el espacio", podrían "dominar rápidamente el ambiente", explicó la autora del estudio, Leyla Cárdenas.

El impacto humano

Estos organismos se adhieren a los cascos de los cruceros transoceánicos. De esa manera, viajan miles de kilómetros hasta un ecosistema único, el del polo sur terrestre.

"La Antártica es uno de los pocos lugares en el mundo donde todavía no se registró una invasión como tal. En el resto del mundo y como consecuencia del cambio climático, los distintos ambientes tendieron a homogeneizarse", señaló Cárdenas, genetista del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile.

Para Cárdenas, que ocurra esto en el punto más austral del planeta significa "una pérdida de diversidad única que tomó millones de años en constituirse".

"Perturbamos a tal nivel el ambiente que podríamos llegar a no tener ningún lugar en el mundo sin evidencias del impacto del hombre. Y estamos siendo testigos de que en el corto plazo puede ser así", alertó.

Los mejillones, especie invasora

Un grupo de expertos internacionales publicó en febrero un análisis sobre las 13 especies con mayor probabilidad de invadir los ecosistemas de la Península Antártica.

El "chorito" chileno figuraba entre las más "problemáticas" junto con el mejillón mediterráneo, el alga marina comestible, algunos cangrejos, ácaros e insectos.

Los ejemplares de mejillón descubiertos por Cárdenas y su equipo de expertos corresponden al mismo grupo genético que habita en la Patagonia y en las islas Kerguelen, ubicadas en el Océano Índico.

De hecho, una especie cercana a esta ya demostró su "alto potencial invasor". Se estableció y desarrolló poblaciones estables en el Ártico tras el derretimiento de los hielos asociado al calentamiento global.

Si esto ocurre en el polo sur terrestre, las algas y otros organismos que viven en el sustrato antártico se verán fuertemente afectados.

"Lo más preocupante es que los choritos no tendrían un control biológico en la Antártida, ya que no hay organismos trituradores como cangrejos", indicó Miguel Pardo, ecólogo del Centro IDEAL.

Una vez desembarquen en el continente blanco, ¿qué probabilidad hay de que los mejillones lo invadan?

"La probabilidad es alta, especialmente por sus características de vida: alta fecundidad, crecimiento rápido y tolerancia de bajas temperaturas. Además de que han sido invasores en otras latitudes, lo que es un excelente predictor de invasibilidad", apuntó Pardo.

Investigación que marca un punto de inflexión

"Los choritos que llegaron a la Antártica necesitan la interacción con el ambiente y la protección del sustrato marino. En estos momentos, ese refugio se lo están dando las esponjas marinas", detalló Leyla Cárdenas.

La genetista apuntó que es necesario seguir observando si los organismos pueden sobrevivir al frío del invierno y si llegan de forma esporádica o continua.

"Monitorear los cambios ambientales es fundamental, y desde ahí generar mecanismos que aseguren la llegada de embarcaciones libres de especies foráneas que pudieran convertirse en invasoras", concluyó.

La investigación encabezada por Cárdenas representa un punto de inflexión en el aprendizaje sobre el funcionamiento de los sistemas marinos polares, ya que reporta por primera vez la llegada de organismos invasores en un ecosistema tan remoto como la Antártida.

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