15 minutos. El número de muertos por el incendio de un hospital dedicado al tratamiento de pacientes aislados de COVID-19 en la ciudad de Nasiriya, en el sur de Irak, aumentó a 92, según fuentes oficiales.
El Departamento de Salud de Di Qar, provincia en la que se encuentra Nasiriya, anunció que “el número de muertos por el incendio en el Hospital Iman Husein ha aumentado a 92”, según informó la agencia de noticias estatal de Irak, INA.
Las primeras pesquisas indican que el incendio se produjo por la explosión de una bombona de oxígeno en el centro de salud. El nosocomio está destinado a aislar a los pacientes infectados por el coronavirus, quienes perecieron por asfixia y otras causas, según la televisión estatal Al Iraquiya.
Asimismo, los medios locales informaron que la deflagración de este lunes se produjo a raíz de un cortocircuito en las instalaciones. Estas carecen de sistemas de prevención de incendios como detectores de humo.
Esta tragedia desató de nuevo la ira de los ciudadanos. Los deudos enterraron este martes a sus seres queridos en diferentes ciudades del sur de Irak, entre lamentos y acusaciones de negligencia por parte de las instituciones.
La gestión del sector de salud se ha vuelto a poner en entredicho tan solo 3 meses después de que otro incendio dejara al menos 82 muertos en el hospital Ibn al Jatib de Bagdad, en circunstancias muy parecidas.
“No es de extrañar que el desastre se repitiera ayer en Nasiriya, ni sería sorprendente que se repitiera nuevamente en otros lugares”, dijo el miembro de la pública Comisión de Derechos Humanos iraquí, Ali al Bayati.
Mala gestión
El presidente iraquí, Barham Saleh, afirmó en su cuenta de Twitter que “el desastre del hospital Al Husein en la provincia de Di Qar y previamente, en el hospital Ibn al Jatib, en Bagdad, es resultado de la corrupción y la mala gestión que subestima la vida de los iraquíes e impide el desempeño de las instituciones”.
Saleh hizo referencia también a la tragedia que ocurrió el pasado abril en el hospital de Al Jatib, en el sureste de la capital Bagdad. Allí también explotaron bombonas de oxígeno destinadas a los enfermos de COVID-19.
Por su parte, el primer ministro iraquí, Mustafa al Kazemi, dijo que la tragedia muestra un “defecto estructural” en el sistema administrativo del país. Agregó que “no se realiza un seguimiento ni una diagnosis de los errores, mientras que los ciudadanos se convierten en víctimas”, según un comunicado de su oficina.
Precisamente, anoche, Al Kazemi, mantuvo una reunión de emergencia con varios miembros de su Gabinete para abordar lo sucedido y poco después el director de Salud de la provincia de Di Qar, Sadam al Tawil, presentó su dimisión y el Gobierno provincial decretó 3 días de luto.
Las autoridades iraquíes abrieron una investigación. Asimismo, el Tribunal de Investigación de Di Qar emitió órdenes de arresto contra 13 empleados del departamento de Salud de la provincia, incluido su director, según informó INA.
Irak vive ahora un repunte de casos de COVID-19 con 9.000 infecciones diarias reportadas oficialmente y con solo un 1% de su población vacunada.