La COVID-19 aumentó el hambre y la desnutrición de 811 millones de personas

Más de 2.300 millones de personas, lo que representa el 30 % de la población, no tuvieron acceso a una alimentación adecuada en 2020

Las cifras ponen en jaque la promesa de acabar con el hambre para 2030 en el contexto de la pandemia (Pixabay)

15 minutos. En 2020 hubo un “dramático” deterioro de la situación del hambre en el mundo, provocando que hasta una décima parte de la población mundial, unos 811 millones de personas, estuvieran desnutridas tras la pandemia de la COVID-19.

Las cifras ponen en jaque la promesa de acabar con el hambre para 2030 en el contexto de la pandemia. Además, siguen “poniendo de manifiesto los puntos débiles de los sistemas alimentarios”.

Vidas amenazadas

Así lo concluye el informe publicado por 5 agencias de Naciones Unidas, que analiza la seguridad alimentaria mundial durante el año 2020 . El reporte apunta a una “coyuntura crítica” en la que se ven amenazados la vida y los medios de subsistencia de millones de personas de todo el mundo.

Pese a ello, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) depositaron sus esperanzas en un renovado impulso democrático que revierta esta situación.

En este sentido, 2021 “ofrece una oportunidad única para avanzar en la seguridad alimentaria y la nutrición a través de la transformación de los sistemas alimentarios con la próxima Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU, la Cumbre de Nutrición para el Crecimiento y la COP26 sobre el cambio climático”. De acuerdo con las agencias, “será necesario un “enorme” esfuerzo para dar un giro y conseguir la meta propuesta para 2030.

Hambre con y sin COVID-19

Las 5 agencias se mostraron “preocupadas” por el aumento del hambre en términos absolutos y proporcionales durante el 2020, año de la COVID-19, ya que supera incluso el crecimiento de la población. Frente al 8,4 % de todas las personas que estaban desnutridas en 2019, el dato aumentó hasta el 9,9 % el año pasado.

Más de 2.300 millones de personas, lo que representa el 30 % de la población, no tuvieron acceso a una alimentación adecuada en 2020. En un año, el indicador dio “un salto tan grande como los 5 anteriores juntos”, alerta el informe.

El mayor aumento del hambre, en términos geográficos, se produjo en África, donde la prevalencia estimada de la desnutrición -el 21 % de la población- es más del doble que en cualquier otra región y están desnutridas un tercio -282 millones- de todas las personas en el mundo. Por otro lado, más de la mitad de las personas desnutridas (418 millones) viven en Asia, mientras que 60 millones corresponden a América Latina.

Además, del análisis de la situación mundial se desprende que se amplió la brecha de género, ya que por cada 10 hombres con inseguridad alimentaria, había 11 mujeres.

El alto precio que pagan los niños

En cuanto a la malnutrición, “persistió en todas sus formas”, lamenta el informe. “Los niños pagaron un alto precio”, ya que se estima que más de 149 millones de menores de 5 años tenían retraso en el crecimiento o eran demasiado bajos para su edad. Asimismo, más de 45 millones estaban demasiado delgados para su estatura y casi 39 millones tenían sobrepeso.

Mientras, 3.000 millones de adultos y niños siguen sin poder seguir una dieta saludable, en gran parte debido a los costes excesivos. Casi un tercio de las mujeres en edad reproductiva padecen anemia.

La pandemia provocó recesiones brutales y puso en peligro el acceso a los alimentos, pero el hambre ya se extendía antes de la COVID-19. Además, los avances en materia de malnutrición se retrasaban. La afectación se materializa con más fuerza en los países afectados por conflictos, fenómenos climáticos extremos o que luchan contra una gran desigualdad. Todos estos factores son identificados en el informe como principales impulsores de la inseguridad alimentaria.

Según las tendencias actuales y a pesar de los avances en algunas áreas, el mundo no está en camino de alcanzar los objetivos de ningún indicador de nutrición para 2030, contemplado en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2. De hecho, se incumplirá por un margen de casi 660 millones de personas, de los cuales unos 30 millones pueden estar relacionados con los efectos duraderos de la pandemia.

Para enfrentar esta “crítica coyuntura”, las agencias insisten en que “la transformación de los sistemas alimentarios es esencial para lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y poner dietas saludables al alcance de todos”.

Caminos de transformación

El informe presenta “6 caminos de transformación” para contrarrestar el hambre y la desnutrición tras COVID-19. También insta a los políticos a integrar las políticas humanitarias, de desarrollo y consolidación de paz en zonas de conflicto mediante, por ejemplo, medidas de protección social.

De igual forma, sugieren aumentar la resiliencia climática en todos los sistemas alimentarios y fortalecer la capacidad de recuperación económica de los más vulnerables. Por ejemplo, con programas que entreguen ayuda en especie o en efectivo.

Las 5 agencias plantean a los Gobiernos intervenir a lo largo de las cadenas de suministro para reducir el costo de los alimentos nutritivos. Asimismo, abordar la pobreza y las desigualdades estructurales y reforzar los entornos alimentarios. Incluso, proponen cambiar el comportamiento de los consumidores, como reducir el contenido de azúcar y sal en el suministro de alimentos.

Una última petición que se lanza en el informe es que se garantice un “entorno propicio para los mecanismos e instituciones de gobernanza”. Así, hacer posible la transformación a la vez que insisten en que “el mundo debe actuar ahora”. De lo contrario, “los impulsores del hambre y la desnutrición se repetirán con creciente intensidad durante los próximos años, mucho después de que haya pasado el impacto de la pandemia”.

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