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Nitrógeno presente en el sargazo amenaza como nunca a las playas de Florida y el Caribe

Esta macroalga de olor nauseabundo pasó de ser un organismo vital para cierta fauna marina a un área tóxica de naturaleza muerta

Solo en el condado Miami-Dadede Florida la remoción del sargazo ha implicado gastos por más de 45 millones de dólares anuales (EFE/Ivonne Malaver)

15 minutos. Un "inesperado" exceso de nitrógeno en el sargazo, como resultado de la actividad humana, ha hecho de esas algas color pardo un hábitat tóxico de naturaleza muerta que invade las playas de Florida y las del Caribe en niveles como no se habían visto hasta ahora.

Este verano, las playas de Miami Beach tienen días con gran saturación de esta macroalga de olor nauseabundo y otros con arenas más limpias. A simple vista se ve en el mar una larga franja oscura del sargazo que se aproxima a las costas.

Un reporte científico de la Universidad del Sur de Florida (USF) y la agencia espacial NASA confirmó que el sargazo siguió en aumento en el Atlántico Centroccidental y el Mar Caribe durante mayo, lo que estableció "un nuevo récord histórico" para ese mes.

"2021 será otro año importante de sargazo y la cantidad en el Mar Caribe es probable que aumente de forma continua durante el verano", advirtió esta semana dicho boletín mensual.

El sargazo pasó de ser un organismo vital para cierta fauna marina, un refugio para peces, camarones y tortugas, a un área tóxica de naturaleza muerta compuesta por una gran cantidad de nitrógeno. Así lo indicó un nuevo estudio a cargo de varias universidades, entre ellas la USF y la Florida Atlantic University (FAU).

Los científicos, entre ellos el profesor de la FAU Brian Lapointe, compararon un total de 488 muestras del alga recogidas en el Atlántico Norte en los periodos 1983-1989 y 2010-2019. Hallaron "un aumento del 111 % de la relación nitrógeno-fósforo".

"Fue una gran sorpresa", dijo Lapointe, líder de la investigación, al detallar los dramáticos cambios en la química y composición del sargazo. El alga fue descrita por primera vez por Cristóbal Colón y sus marineros en 1492.

Huele a huevo podrido

"Es un gran problema", explicó Lapointe, también uno de los científicos que identificaron en 2019 el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico. La zona se extiende desde África hasta América y se esparce con las corrientes marinas.

El estudio detalla que una mayor disponibilidad de nitrógeno de fuentes naturales y antropogénicas está contribuyendo a su crecimiento.

"Necesitamos reducir la contaminación por nutrientes de origen terrestre, tanto en Florida como en los principales ríos que desembocan en la cuenca del Atlántico", alerta Lapointe.

Una mayor disponibilidad de nitrógeno están apoyando las floraciones de sargazo y convirtiendo un hábitat importante en floraciones de algas nocivas. Tienen "impactos catastróficos en los ecosistemas costeros, las economías y la salud humana", reseña la investigación.

"Las actividades humanas han alterado en gran medida los ciclos globales del carbono, el nitrógeno y el fósforo, y las entradas de nitrógeno se consideran ahora de 'alto riesgo' y por encima de un límite planetario seguro", se lamentó Lapointe.

El sargazo que prolifera a lo largo de las playas de Florida y el Caribe "puede resultar en altas concentraciones de gas de sulfuro de hidrógeno tóxico". "Huele a huevos podridos" y afecta especialmente a personas con asma, dijeron las autoridades sanitarias.

Lapointe recordó que esta alga también tiene "altas concentraciones de metales tóxicos, como cadmio y arsénico". Asimismo, contiene materia fecal, lo que "representa un riesgo elevado para los bañistas".

Un mar de problemas

Solo en el condado Miami-Dadede Florida la remoción del sargazo ha implicado gastos por más de 45 millones de dólares anuales. La limpieza en todo el Caribe en 2018, un año récord de sargazo, costó unos 120 millones de dólares. Eso, sin contar la disminución de los ingresos por la pérdida de turismo.

Las muestras del estudio se recogieron en varios sitios del Atlántico. Entre ellas, las costas del sureste de Estados Unidos (EEUU), incluido Miami y los Cayos de Florida, como también Belice en Centroamérica y varios puntos del Mar de los Sargazos.

El crecimiento de la población y los cambios en el uso de la tierra han aumentado la contaminación por nitrógeno y la degradación de los estuarios y las aguas costeras desde al menos la década de 1950.

Esta polución apoya el crecimiento del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, que recibe aportes de nitrógeno y fósforo de una variedad de fuentes. Por ejemplo, descargas de los ríos Congo, Amazonas y Mississippi, indicó Lapointe.

Adicionalmente, precisó que ayudan a su crecimiento los afloramientos frente a la costa de África, el polvo sahariano y la quema de biomasa de la vegetación en Sudáfrica.

Según la investigación, dicho cinturón se repite anualmente desde 2011. Se extiende hasta 8.850 kilómetros desde la costa oeste de África hasta el Golfo de México. Alcanzó su punto máximo en julio de 2018.

"Se necesita urgentemente más investigación", advirtió Lapointe.

Las amenazas del fósforo y nitrógeno

En Florida, además del sargazo, el nitrógeno y el fósforo están contribuyendo a la proliferación de otras algas dañinas. En concreto, en ríos y lagunas que están matando peces y aves y especialmente a sus emblemáticos manatíes.

A partir de esta semana y hasta septiembre, en la época de lluvias, varios condados y ciudades de Florida prohíben el uso de fertilizantes con nitrógeno y fósforo.

Estos componentes han contribuido con el crecimiento de la putrefacta y espesa alga azul-verdosa, conocida como "guacamole". Asimismo, del alga tóxica llamada marea roja, que ha causado mortandad de peces, especialmente en la costa oeste de Florida.

Las lluvias de junio a septiembre aumentan la probabilidad de llevar fertilizantes a las zanjas y arroyos que conducen a los canales, lagunas y ríos, donde las algas se acumulan.

Las floraciones resultantes pueden matar los pastos marinos y los animales marinos que dependen de esta flora, como los manatíes.

Este año, estos mamíferos acuáticos están muriendo de hambre a un ritmo récord. Al menos 761 murieron entre el 1 de enero y el 28 de mayo, según la Comisión de Conservación de Vida Silvestre y Pesca de Florida. El récord fue de 830 para todo 2013.

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