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La lucha de un hombre por proteger 2 cementerios del muro de Trump

Ramiro Ramírez, busca proteger los camposantos donde reposan sus ancestros y también un templo ubicado donde se elevaría el muro

Trump señaló en febrero que destinaría más fondos para el muro fronterizo (Flickr)

15 minutos. "No es necesario el muro", afirma Ramiro Ramírez, uno de los integrantes de una familia de Texas que batalla contra la intención del presidente de EEUU, Donald Trump, de ampliar la barrera fronteriza con México y cuya construcción amenaza un templo y dos cementerios donde reposan sus ancestros.

"Ahí tengo a toda mi familia, tengo a mi mamá, mi papá, mis abuelos, mis tíos", argumenta por teléfono Ramiro desde Texas, al referirse a los camposantos.

Este hombre, antes que psicólogo, se declara ranchero y apegado a una tierra a la que sus antepasados llegaron en 1857 procedentes de Alabama, huyendo de la discriminación y la esclavitud.

Ramiro, junto a diversos grupos sociales, interpusieron una demanda en marzo pasado contra la declaración de "emergencia nacional" de Trump.

Un apego histórico

Los tatarabuelos de Ramiro, Nathaniel y Matilda Jackson, vinieron a Texas huyendo de los problemas que afrontaban en Alabama al tratarse de una pareja interracial; tras desistir de viajar a México por desconocer el idioma español y por la diferencia religiosa, ya que ellos eran metodistas.

Ya en Texas compraron 2.225 hectáreas de terreno y ayudaron a muchos esclavos en EEUU que buscaban ir a México o permanecer en ese estado.

Fue allí donde construyeron en 1874 un pequeño templo que se convirtió en la primera iglesia protestante del sur de Texas de corriente metodista.

Junto a la pequeña capilla, hoy conocida como la iglesia Jackson, Nathaniel y su hijo Martin establecieron un cementerio, que Ramiro empezó a recorrer desde pequeño junto a su abuela.

No lejos de ahí está un segundo camposanto que Nathaniel dejó en herencia a su otro hijo, Eli Jackson.

Los cementerios peligran

Pese a existir durante más de un siglo, esos dos cementerios, protegidos por la Ley de Preservación Histórica Nacional de 1966, peligran hoy en día por estar ubicados en el trazado del muro fronterizo que quiere construir Trump.

"Son dos cementerios que van a romper, los van a destruir y la iglesia también", se quejó Ramiro.

"La única pregunta que tengo a esa gente que va a hacer esto, que vienen siendo el presidente, los senadores y los representantes es: Cuando mueran y miren a Dios ¿Cómo van a explicar estos cristianos a nuestro Dios que ellos destruyeron dos cementerios históricos y una iglesia?"

Para Ramiro, esas personas no tienen sentimientos y no reconocen que estos lugares son "bien especiales".

Y ante la posibilidad de que desaparezcan, este psicólogo no sabe si podrá soportarlo. "No pasa una semana en la que no voy a ir a ver a mi papá y mis abuelitas, y lo van a destruir", se lamenta Ramiro, para quien no hay necesidad de ese muro en una frontera de la que siempre vivió "cerquita".

"Tengo tres niñas, montan sus caballos y van a la frontera, cerquita de donde está el río... No hay peligro", sentencia con contundencia, en contradicción con lo que argumenta Trump.

¿Emergencia nacional?

El pasado 15 de febrero, Trump declaró una "emergencia nacional" con la que buscaba sumar otros 6.600 millones de dólares a los 1.375 millones aprobados por el Congreso para el muro en la frontera.

Con esa medida, el presidente buscaba reunir casi 8.000 millones de dólares para erigir unos 376 kilómetros de una barrera fronteriza que estaría formada por postes de acero, según la Casa Blanca.

Para la organización Earthjustice, esta es una acción que viola el primer artículo de la Constitución de EEUU, que le da al Congreso el poder de adjudicar fondos.

"La demanda es para frenar el dinero que viene de la declaración de emergencia, no toca el dinero ya dirigido por el Congreso para el muro", explica Raul García, director legislativo de Comunidades Saludables de esa organización.

La querella, presentada ante una corte federal en el Distrito de Columbia, busca frenar el impacto del muro.

"Va a devastar toda la región, en términos ambientalistas, por ejemplo", asegura García, quien alerta de que la zona alberga especies en vías de extinción "que no saben que hay una frontera" y que un muro puede aumentar el riego de desbordamientos, como los ocurridos en 2008 en Arizona, que "costaron millones de dólares y se cobraron la vida de dos personas".

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