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El venezolano Dhers se colgó la plata en Tokio con los ojos puestos en París

Con sus 92,05 puntos, escribió su nombre en el nuevo capítulo de la historia del BMX estilo libre

Dhers llegó a Tokio sacando más de doce años a todos sus rivales (EFE/EPA/Fazry Ismail)

15 minutos. El venezolano Daniel Dhers alargó su leyenda en BMX Freestyle hasta el estreno olímpico de este deporte en Tokio, donde terminó segundo con una exhibición de trucos inéditos y clásicos, y con la plata aún colgada, dijo que va a por más.

A sus 36 años, el rider nacido en Caracas y afincado en EEUU no quería perderse la fiesta que supondría el debut en unos Juegos del ciclismo BMX estilo libre. Se trata de uno de los nuevos deportes urbanos incluidos en el programa olímpico con vistas a atraer a audiencias más jóvenes.

La disciplina deparó exactamente lo que se esperaba de ella: acrobacias inverosímiles para el ojo poco entrenado y un ambiente inusual en una prueba olímpica, con un escenario al aire libre con speaker y DJ.

Dhers llegó a Tokio sacando más de doce años a todos sus rivales y tras haberse planteado la retirada antes de estos Juegos. Aún así, puso el listón del espectáculo muy alto en su primera carrera, y solo fue superado en el podio por el australiano Logan Martin.

Final intensa

El venezolano se marcó un triple tailwhip (giro de 360 grados del cuadro de la bici sobre el eje delantero) y un flair (voltereta hacia atrás combinada con rotación de 180 grados) ejecutado sin manos, que le valieron 90,10 puntos en su primer intento.

Pero Martin, quien llegaba a la final como el mejor de la ronda previa, aceptó su reto. El australiano subió un peldaño en la dificultad añadiendo giros aéreos completamente realizados sin manos y encadenando tailwhips en diferentes direcciones, con los que se puso en cabeza en su primera y definitiva carrera con 93,30.

Las actuaciones del británico Declan Brooks, que se llevó el bronce con 90,80, y del costarricense Kenneth Tencio, quien sorprendió con su variedad de tailwhips y se situó momentáneamente en el podio con 90,50, obligaron a Dhers a darlo todo en su último intento. Y vaya si lo hizo.

"Empecé con un truco que nunca había hecho en competencia", explicó. Este también señaló que dudó más adelante si hacer un frontflip (vuelta hacia adelante) en una doble rampa "que le daba un poco de miedo".

"Pero iba pedaleando y me dije: yo inventé este truco en el 2005, no puede ser que no me salga... Cuando giré y caí, dije: ya está", explicó Dhers, quien compitió con una bicicleta pintada en los colores de su bandera nacional.

El venezolano logró 92,05 puntos y escribió su nombre en el nuevo capítulo de la historia del BMX estilo libre. Allí ya era considerado un maestro tras 2 décadas de carrera profesional y una sucesión de victorias en los campeonatos de deportes extremos X Games.

Justo después de recibir la medalla de Tokio 2020, Dhers afirmó que aún le quedan motivación y gasolina en el tanque para prepararse para los Juegos de París en 2024 y seguir ampliando su mito, esta vez, con las gradas llenas.

El show de Worthington

En la categoría femenina, el mayor show lo aportó la británica Charlotte Worthington. Esta se impuso contra pronóstico a la estadounidense Hannah Roberts, quien tuvo que abandonar por lesión en su segundo intento.

Por primera vez en una competición femenina de BMX Freestyle, Worthington completó un backflip de 360 grados acompañado de otros trucos impecables. Todo ello le valió 97,5 puntos que fueron ya inalcanzables para sus rivales, incluso para Roberts, plata con 96,10.

La rider chilena Macarena Pérez terminó la prueba octava entre las 9 competidoras con una puntuación de 73,80, donde sus acrobacias con rotaciones del manillar y sin manos no le bastaron para acercarse al podio en la final disputada en el Parque de Deportes Urbanos de Ariake.

Muchos japoneses no quisieron perderse el espectáculo que se cocía en este escenario en una calurosa mañana de domingo en Tokio. Por ello buscaron una forma de verlo en vivo pese a las restricciones por la pandemia.

Encaramados a uno de los puentes que conectan las islas artificiales de la bahía de Tokio, decenas de personas trataban de atisbar parte del Parque de Deportes Urbanos, o al menos contemplar a los ciclistas durante los instantes que permanecía suspendidos en el aire sobre la pista y superando la altura de sus gradas.

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