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Transición a la adultez: un desafío para las personas con TEA

Los beneficiarios tienen que ser consultados, gestando un proceso de planificación personalizado

La Organización para la Investigación en Autismo (OAR) resaltó “la importancia de anticiparse” y solucionar problemas con creatividad (Alexa Fotos / PIXABAY)

15 minutos. La transición hacia la adultez resulta inherentemente difícil para las personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Varios expertos coinciden en que el proceso debería comenzar a fraguarse entre los 12 y 16 años.

Estas afecciones clínicas se caracterizan por la alteración del comportamiento social; conllevando un repertorio de intereses restringido, estereotipado y repetitivo, según la Organización Mundial de la Salud (2019).

“Se calcula que uno de cada 160 niños tiene Trastornos del Espectro Autista”, destaca esa entidad.

Tales datos prevalencia se han manejado tradicionalmente como un promedio pues la cantidad exacta de afectados varía en función del referente consultado. "Cada año 50.000 personas con autismo cruzan el umbral hacia la adultez”, según Anderson et al. (2017).

Es un hito importante, incluso vital para este grupo vulnerable. “Los involucrados en planes de transición eran tres veces más proclives a seguir estudiando” y sus opciones de obtener empleo posteriormente se multiplicaban por cinco, según una investigación reseñada por Shields (2017).

El Reporte Nacional de Indicadores del Autismo: Transición a la Adultez (2015), a cargo de la investigadora Anne Roux, señalaba que “los adultos jóvenes con autismo pasan momentos difíciles inmediatamente después de la educación secundaria en casi cualquier escenario".

Pavimentando la transición

Entonces, ¿cómo optimizar el proceso?

Cuatro investigadores afiliados a la Universidad de Utah (Estados Unidos), bajo el liderazgo de la profesora Anne Kirby (2017), concluyeron que el apoyo transicional debe personalizarse.

“El objetivo es cambiar vidas para mejor, ese tendría que ser nuestro estándar”, señaló, por su parte, el doctor Peter Gerhardt durante el seminario digital Identificando habilidades críticas para promover resultados más positivos en la transición a la adultez para jóvenes con TEA.

Expondremos tres nociones basadas en evidencia científica. Con miras a proyectar esa importantísima transición para las personas con TEA, período bisagra y puerta de entrada a la adultez, el capítulo vital previsiblemente más duradero.

1. Personalización y modificaciones

Según Anderson y sus colaboradores (2017), los jóvenes con autismo prefieren un estilo comunicacional claro: por ejemplo, que les expliquen sus responsabilidades dotándoles de una retroalimentación constructiva.

También han recomendado las adaptaciones: “cronogramas flexibles, tiempo extra para aprender y completar actividades, entrenamiento adicional”, entre otras.

Profundizan más apuntando que conviene “estructurar las rutinas individuales, con base en sus necesidades y preferencias, proveyéndoles lugares a donde dirigirse cuando se sientan abrumados”.

Y si pueden emparejarse con personas receptivas o que hayan tenido experiencias previas abordando la discapacidad mucho mejor.

Convendría efectuar un reconteo o inventario de los recursos disponibles, dijo el experto Peter Gerhardt.

2. Forjar habilidades y puntos de contacto

Otro equipo, conformado por Ankeny y sus colaboradores (2009), sugirió: "obtener habilidades prácticas (…) es fundamental para que todos los niños alcancen una calidad de vida óptima durante la adultez”.

La preparación frente a un empleo requiere destrezas relacionadas con “los viajes, las postulaciones laborales o académicas y la gestión financiera” (Shields, 2017).

Anderson y su equipo (2017) reseñaron las oportunidades de aprendizaje experimental, “en forma de prácticas académicas o conferencias universitarias”.

3. ¡Qué todos puedan participar!

Durante una sesión de entrenamiento virtual, organizada por Raising Special Kids, la especialista Angélica Lara señaló que “los jóvenes con autismo deben estar invitados”.

En concreto, esto implica su involucramiento significativo. Hacerles saber “por qué ha sido organizada la reunión, qué se discutirá y qué opciones tienen” (Shields, 2017).

Más aún, otra sugerencia radica en consultar al interesado periódicamente. “¿Qué le apasiona en este momento? Hágalo una vez al año porque sus intereses y fortalezas pueden cambiar”, apuntó Angélica Lara.

“Consigue algo que realmente sea importante para el individuo con quien estés trabajando”, concéntrate en sus capacidades y construye desde ahí, complementó el doctor Gerhardt.

Durante un webinar organizado en 2018, la Organización para la Investigación en Autismo (OAR) resaltó “la importancia de anticiparse” y solucionar problemas con creatividad; preguntándose: ¿cuál es el mejor procedimiento, la forma más rápida y fácil para ti?”.

Un poco más adelante, el experto en análisis conductual compartió: “Nos reunimos con un montón de personas y les decimos dónde lo (la) ves en cinco años”. Todo sin pretender que las cosas cambien de la noche a la mañana y “observando cómo se manifiestan nuestros planes en contextos desestructurados”, matizó Gerhardt durante su ponencia.

Consulte a su médico antes de poner estas recomendaciones en práctica, la transición a la adultez entre quienes presentan algún TEA es un proceso complejo.

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