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Sencillez del presidente de Portugal sorprende al mundo

Marcelo Rebelo de Sousa, fiel a su imagen de un ciudadano más, aprovechó el fin de semana para zambullirse en la costa atlántica

Marcelo ejerce un estilo de presidencia de cercanía a la población (tvi)

15 minutos. Sale de la playa con la mascarilla, sin camiseta, en bañador y se sienta en un banco del paseo marítimo de Cascais para limpiarse. Todo normal, salvo que es el jefe del Estado de Portugal, otro nuevo documento gráfico que es oro promocional para el turismo luso.

Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal, aprovechó el fin de semana para zambullirse en las aguas de la costa atlántica. Fiel a su imagen de un ciudadano más, su pose en la playa de la Bahía de Cascais se convirtió en verdadero reclamo del turismo luso, sumido en plena incertidumbre veraniega a causa de las restricciones del COVID-19.

Sin convocatoria de prensa, Marcelo, como le llaman en el país luso, se "infiltró" en el arenal entre decenas de toallas y fue uno más.

Sin embargo, a pesar de las normas de distanciamiento social, tuvo que posar ante los numerosos portugueses que le reclamaron un "selfie".

Los que quieren un "selfie" saben que "no me quito la mascarilla y me sitúo detrás a metro y medio", explicaba Marcelo.

Su salida del agua fue la de un ciudadano cualquiera que busca un banco para sentarse, quitarse la arena de los pies e irse.

Y así lo hizo el jefe del Estado, eso sí, ante la admiración de cuantos lo reconocieron.

Entre ellos, un brasileño de São Paulo que lleva año y medio en Portugal. Este entabló rápidamente conversación con Marcelo, mientras se sacudía los pies y se ponía la sudadera con el debido cuidado de no quitarse la mascarilla.

Portugal quiere que el turismo sea uno de sus grandes motores económicos, a pesar del COVID-19, para que el verano no pase en balde. Por ello, las playas deben ser un reclamo tanto para portugueses como para visitantes de otros países que puedan llegar en las próximas semanas, una vez que haya un tránsito menos restringido por las fronteras.

Rebelo de Sousa, de 71 años y de signo conservador, llegó a la jefatura de Estado de Portugal en marzo de 2016. Desde entonces ejerce un estilo de presidencia de cercanía: da besos, abrazos, no rechaza un selfie a nadie y realiza actos para acercarse al pueblo.

Eliminado el contacto físico, el estilo de Marcelo quiere mostrar al mundo la imagen de un país tranquilo, seguro y acogedor.

Imagen similar a la que el primer ministro luso, António Costa, intentó dar el fin de semana en la playa.

No concedió declaraciones a los medios de comunicación que lo filmaron en la toalla junto a su mujer, mientras tomaba el sol en la Playa de la Princesa de la Costa Caparica, al sur de Lisboa.

Tumbados en la toalla, Costa se comía una manzana y su esposa disfrutaba de un helado.

El mensaje de Portugal es cristalino: turismo seguro y relajado en todas las costas, donde el 6 de junio empezará la temporada de baño.

A nivel europeo, Portugal quiere posicionarse como uno de los países que mejor gestionaron las crisis del COVID-19. De hecho, lanzaron el sello "Clean & Safe" para distinguir las actividades turísticas que aseguran el cumplimiento de requisitos de higiene y control del coronavirus.

Hasta la fecha, ya lograron que 4.000 establecimientos turísticos se adhirieran a la iniciativa. Según el ente público Turismo de Portugal, esto "muestra de manera muy significativa el compromiso de las empresas portuguesas de acoger a los turistas con seguridad".

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