15 minutos. Desde que hace poco más de un año diagnosticaran el primer brote de peste porcina africana en China, esa enfermedad altamente contagiosa en cerdos se extendió por otros ocho países de Asia y está causando estragos económicos en el comercio de esta región.
Corea del Sur, Filipinas y Birmania fueron los últimos afectados por una peste que, aunque no amenaza a las personas, causa daños importantes en las economías rurales por la mortalidad en cerdos.
Más de 5 millones de cerdos se sacrificaron en Asia, la mayoría de ellos en Vietnam. Sin embargo, el centro de las miradas está puesto en China, que es el mayor productor mundial de cerdo y donde se detectaron 157 brotes.
En ese país la producción porcina caerá al menos 10 % anual en 2019, a 49 millones de toneladas, según cálculos de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El problema se veía venir. Desde que hace unos años los expertos constataron un mayor número de casos de peste porcina africana en poblaciones de cerdos salvajes o jabalíes de Asia.
“Vimos que si la enfermedad entraba por las fronteras de China sería un desastre, tal como pasó”, indica el jefe del Servicio Veterinario de la FAO, Juan Lubroth, que no descarta que el virus llegue a nuevos países.
No es el primer brote
El contacto directo entre cerdos sanos y aquellos infectados representa el modo de transmisión más común. No obstante, también se puede propagar por el contacto con vehículos, corrales, piensos y ropa contaminados.
El virus es “bastante resistente” en los productos elaborados con cerdo, ya estén congelados, en sal, encurtidos, tratados o ahumados, según el oficial. Lubroth recordó que en la península Ibérica tardaron 35 años en erradicar la enfermedad, y costó mucho volver a introducir embutidos en el comercio internacional.
Europa también atestiguó en 1997 un foco en los Países Bajos que ocasionó el sacrificio de once millones de cerdos con un coste de 2.300 millones de dólares.
Ahora es Asia el continente que afronta las mayores dificultades. “Mucho depende de la calidad de los servicios veterinarios y del compromiso con el sector privado”, asevera el responsable de la FAO.
El organismo también instó a las autoridades a compensar a los productores afectados para que informen del problema y no caigan en prácticas como vender animales infectados.
Puede avanzar
La jefa de Información de sanidad animal de la Organización Mundial de Sanidad Animal, Montserrat Arroyo, resaltó que la transmisión del virus entre regiones “se causó por personas que transportaron productos cárnicos infectados y por la pobre bioseguridad en las granjas”.
“A menos que mejore la bioseguridad y la gente sea más consciente, es posible que la enfermedad siga avanzando”, añadió. Al mismo tiempo recuerda que no se dispone de una vacuna efectiva contra la peste porcina africana.
Por otra parte, existe una alianza global para investigar la enfermedad con socios como el Instituto Pirbright, que lleva décadas dedicado a ese ámbito. Sin embargo, su experta Linda Dixon lamentó que falte “financiación para vacunas”.
Aunque reconoció que últimamente hay más interés por desarrollarlas, Dixon precisa que pueden pasar años hasta que se logre.
Para poder trabajar con una vacuna se necesitan laboratorios especiales con licencia para manipular los virus, un proceso que China inició recientemente.