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La protesta social enciende el mundo

La falta de derechos democráticos, la subida de los precios de productos y servicios básicos, el desempleo, la violencia o las discrepancias políticas son las principales y diversas motivaciones que movilizaron a las sociedades de medio mundo

Un manifestante intenta apagar un incendio en Hong Kong (Lynn Bo Bo/EFE)

15 minutos. De Hong Kong a Chile, pasando por el Líbano, Irak, España, Colombia o Haití, la protesta sacude al mundo, con millones de personas en las calles por diferentes razones, aunque con un denominador común: el descontento social.

La falta de derechos democráticos, la subida de los precios de productos y servicios básicos, las altas tasas de desempleo, el asesinato de líderes sociales o las discrepancias políticas son las principales y diversas motivaciones que movilizaron a las sociedades de medio mundo, en su mayoría sin tener en cuenta el sexo, edad o ideología política.

Estas reivindicaciones cuentan con un amplio respaldo popular en las calles, con multitudinarias marchas pacíficas. Sin embargo, también tienen disturbios violentos, toques de queda, declaratoria de estado de emergencia y militarización, que causan muertos y numerosos heridos, en un momento de gran conciencia social que choca con la escasa sensibilidad de los gobernantes.

La convocatoria de las protestas a través de Internet resultó fundamental para lograr un éxito de participación que mostró al mundo el descontento social. En esta también se caló con éxito, en los últimos meses, la lucha contra el cambio climático de los jóvenes en todo el mundo.

Hong Kong, detonante por la libertad

Los hongkoneses continúan en las calles cuatro meses después de lo que supuso el disparo de salida de este momento de particular desarraigo social en el mundo.

Superada su mecha inicial -una polémica propuesta de ley de extradición ya retirada por el Gobierno-, la protesta pasó a convertirse en un movimiento que busca una mejora de los mecanismos democráticos que rigen Hong Kong y una oposición al autoritarismo de Pekín, con decenas de miles de jóvenes en las calles dispuestos a aguantar el tiempo que haga falta.

Las manifestaciones, que comenzaron siendo pacíficas, degeneraron en enfrentamientos violentos con las fuerzas de seguridad y escenas de caos, con bloqueos de carreteras, lanzamiento de cócteles molotov, cargas policiales o el uso de gases lacrimógenos, mientras las autoridades chinas observan a la excolonia británica.

Los estudiantes protestan contra una ley que les prohíbe usar máscaras en las manifestaciones (Lynn Bo Bo/EFE)

Chile, desigualdad y descontento

En Chile se produjo la última revuelta, un país considerado el alumno aventajado de las políticas neoliberales “con éxito” en Latinoamérica. Estabilidad, crecimiento y disciplina fiscal eran tarjetas de visita de un país ejemplar en el entorno convulso del Cono Sur, pero estas cuentas esconden una sociedad muy desigual, con una clase media en el filo y un sistema educativo que no permite el “ascensor social”.

El alza de la tarifa del metro fue la gota que colmó el vaso. Según la Universidad Diego Portales, Chile cuenta con el noveno transporte público más caro de un total de 56 países de todo el mundo. Además, señalan que algunas familias tienen que pagar el 30 % del sueldo mensual para ir al trabajo, por lo que la subida era una mecha ardiente.

Pese a todo -el ejército en las calles, la suspensión del incremento del pasaje, las llamadas al diálogo-, el toque de queda se mantiene. “Estamos en guerra”, dijo el presidente Sebastián Piñera.

El independentismo enciende Cataluña

Las condenas de hasta 13 años de cárcel a nueve líderes independentistas de Cataluña desencadenaron las protestas y un caos en las calles de Barcelona y otras ciudades con escasos precedentes en España, donde las reivindicaciones pacíficas de decenas de miles de catalanes acabaron en manos de unos cientos de violentos.

Más de 600 heridos, la mitad de ellos policías, y unos 200 detenidos es el saldo de una semana en la que las imágenes del centro barcelonés con contenedores ardiendo, lanzamientos de piedras a las fuerzas de seguridad y fuertes cargas policiales contrastan con las largas marchas pacíficas y una huelga general sin incidentes.

Tras noches con barricadas y hogueras, la tensión saltó a los políticos, a punto de entrar en campaña electoral el próximo 10 de noviembre. La falta de entendimiento entre el Gobierno central y el catalán parece el primer obstáculo a superar para lograr un diálogo que consiga una solución.

Incendio en una manifestación en Barcelona (Enric Fontcuberta/EFE)

Ecuador, la chispa latinoamericana

Ecuador fue la chispa que despertó este octubre las protestas en América Latina, cuando el Gobierno de Lenín Moreno aprobó la eliminación de los subsidios al combustible, que estaban vigentes desde hacía décadas, en respuesta a un acuerdo con el FMI.

Tras doce días de batalla campal en las calles de Quito, con un balance de siete muertos y más de 1.340 heridos, la revuelta popular se frenó al derogarse esa polémica medida, que afectaba a cientos de miles de familias campesinas e indígenas.

Ecuador demostró que el descontento de la calle puede frenar el diseño económico de los despachos oficiales, y también lo que los callados indígenas son capaces de lograr cuando se organizan.

Líbano, la revolución del WhatsApp

El detonante de las protestas en el Líbano fue el anuncio de aprobar una tasa de 20 centavos de dólar por día a las llamadas de voz por redes como WhatsApp, Facebook o Viber; esto en un intento de aumentar los ingresos de la deteriorada economía del pequeño país mediterráneo, pero las reivindicaciones iban más allá.

Miles de personas tomaron las calles de Líbano por varios días (Wael Hamzeh/EFE)

"Lo del WhatsApp es la chispa, el desencadenante de todo. Odiamos el sistema basado en la corrupción, el sectarismo, en el estado policial. Literalmente piensan que somos estúpidos. Todos los impuestos que nos imponen cuando no recibimos ningún servicio", resumió a Efe Layal, estudiante de Derecho en Beirut, el pasado viernes.

Las multitudinarias y festivas marchas de los libaneses, que, a pesar de todo, no renunciaron a bloquear el tráfico y quemar neumáticos, lograron poner de acuerdo a los partidos del Gobierno sobre un paquete de reformas para salir de la crisis y terminar con el descontento popular. Esto tras el ultimátum de 72 horas del primer ministro, Saad Hariri, quien parece haberle dado un giro a su favor a la situación.

Colombia, comicios entre descontento y violencia

Las protestas colombianas colapsaron en los últimos meses la capital, Bogotá, por cortes estudiantiles, demandas del transporte o movilizaciones sociales.

Sin embargo, la tragedia del país tiene nombre y apellidos; 155 líderes sociales fueron asesinados en los ocho primeros meses de 2019, según el informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz.

Así, los colombianos acuden a las urnas el próximo domingo para elegir a sus autoridades, en medio del riesgo de violencia política y fraude electoral. Al cóctel colombiano se añaden cinco grupos armados operativos en el país.

Sin novedad en Haití

El país más pobre de América solo ocupa los noticieros cuando sus calles arden. Y en las últimas semanas volvió a ocurrir. Haití es escenario de protestas diarias contra el actual presidente Jovenel Moise, a raíz de la delicada situación económica y de la crisis política que hizo imposible formar un Gobierno desde el pasado marzo.

Moise ofreció diálogo a la oposición, pero la semana pasada le abandonó la comisión que formó para entablar conversaciones con los opositores.

Los incendios y las barricadas volvieron a las calles de Puerto Príncipe. Como de costumbre.

Los manifestantes generan incendios en las protestas de Haití (Orlando Barría/EFE)

Irak, la revuelta más violenta

Más de cien muertos y 6.000 heridos es el resultado de las protestas en Irak; los ciudadanos salieron este mes a las calles de Bagdad y otras localidades para exigir mejores servicios públicos, trabajo y el fin de la corrupción.

En el quinto mayor productor de petróleo del mundo, los iraquíes, principalmente jóvenes, desempleados y funcionarios estatales, se manifestaron convencidos de que la corrupción es la principal causa de que el Estado no pueda ofrecer buenos servicios a pesar de disponer de los recursos provenientes del "oro negro".

La brutalidad de la represión y las enormes restricciones dejaron clara la falta de libertad en un país tristemente acostumbrado a la guerra; las autoridades lograron contener, al menos de momento, el descontento ciudadano con medidas económicas y sociales y la comparecencia ante la justicia de políticos corruptos y miembros de las fuerzas de seguridad que llegaron a disparar con fuego real a los manifestantes.

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