15 minutos. El grupo yihadista nigeriano Boko Haram podría dejar de existir en 2022 si hubiera un compromiso por parte de los países de la cuenca del lago Chad y una “presión militar” hasta 2021. Así lo sugiere un informe publicado por el Centro de Estudios por el Desarrollo y la Prevención del Extremismo (CEDPE) de Chad.
Boko Haram desaparecería en 2022 “si los países miembros de la cuenca del Lago Chad, con el apoyo serio de la comunidad internacional, en particular las fuerzas militares (francesas) de Barkhane, aúnan sus esfuerzos y participan en un proceso de diálogo y cooperación”, sostiene el informe. El documento se basa en investigaciones en el terreno y datos sobre la lucha contra la organización islamista.
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Según el estudio, el grupo yihadista, que hasta 2016 contaba con 14.520 miembros (6.926 mujeres), estaría conformado en 2020 por 6.500 miembros (26 % mujeres). De este total, podría perder una tercera parte si Camerún, Chad, Níger y Nigeria lanzaran juntos una ofensiva militar a gran escala.
Además, “la presión militar obligaría a 2.350 personas a retirarse y rendirse a las autoridades de la cuenca del Lago Chad. Esto debilitaría enormemente a Boko Haram”, calcula el informe.
Para proteger a la población
Entre las debilidades del grupo, el CEDPE señala la pérdida de vidas humanas, de material, de gran parte del territorio bajo su control, del dominio de sus rutas de suministro, la retirada de un número importante de sus miembros (4.142, entre 2016 y 2019) y las divisiones internas (actualmente tres facciones).
Para el centro de estudios, sería necesario que tras “el compromiso militar concertado” se iniciara “un proceso de reintegración socioprofesional de unas 10.000 personas desvinculadas” del grupo terrorista. Asimismo, se debería establecer un plan “para el desarrollo socioeconómico de esta región descuidada desde hace tiempo”.
“A partir de 2017, el grupo se ha aprovechado del ‘cada uno por su lado’ de los países de la cuenca del Lago Chad, de la falta de una estrategia activa de desarrollo, pero también de la no reinserción de las personas desvinculadas”, advierte. Aunque Nigeria, Camerún y Níger crearon centros de reinserción, el número de personas en ellos es “insignificante”.
Según estos expertos, “la guerra contra el extremismo debe librarse tanto desde arriba como desde abajo”. Mientras los “militares asumen sus responsabilidades sobre el terreno”, se debe idear otra estrategia “empezando a proteger” a la población.
Cifras de horror
El pasado 9 de abril, el portavoz del Ejército chadiano, el coronel Azem Bermendoa Agouna, aseguró que mataron a 1.000 miembros de Boko Haram durante una operación antiterrorista iniciada el 31 de marzo. Esto, en represalia por un ataque en el que fallecieron 116 soldados chadianos, el más mortífero hasta la fecha en este país.
Boko Haram es una organización originaria de Nigeria que opera en los países vecinos fronterizos con la cuenca del Lago Chad: Chad, Camerún, Níger y Nigeria. La creó en 2002 en Maiduguri (noreste de Nigeria) el líder espiritual, Mohameh Yusuf, para denunciar el abandono del norte del país por las autoridades.
En aquel momento, efectuaba ataques contra la Policía nigeriana al representar al Estado. Pero desde que abatieron a Yusuf en 2009, el grupo se radicalizó.
Desde entonces, el noreste de Nigeria está sumido en un estado de violencia provocado por Boko Haram, que busca imponer un Estado de corte islámico en Nigeria. Este país es de mayoría musulmana en el norte y predominantemente cristiano en el sur.
Durante su sangrienta campaña, el grupo asesinó a unas 27.000 personas. Causó más de 3,2 millones de desplazados internos, principalmente en Nigeria (2.579.141). También en Camerún (297.380), Chad (208.382) y Níger (129.603), según las últimas cifras de los gobiernos y Naciones Unidas.