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En la guerra de Tigray murieron al menos 600 civiles, denunció comisión de derechos humanos

La mayoría de las víctimas fueron hombres de las etnias amhara y wolkaits

Tigray, región fronteriza con Eritrea y Sudán, sigue aislada y con las telecomunicaciones cortadas desde el inicio de esta guerra el pasado 4 de noviembre por parte del Gobierno central (EFE/EPA/Leni Kinzli)

15 minutos. La Comisión de Derechos Humanos Etíope (EHRC) denunció este martes que al menos 600 civiles murieron el pasado 9 de noviembre en una masacre cometida por fuerzas leales al Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) en la localidad de Maikadra, donde se registra la guerra.

La mayoría de las víctimas fueron hombres de las etnias amhara y wolkaits, quien fueron separados del resto de la población por los atacantes, precisó la EHRC en un informe preliminar sobre la matanza. Esta institución independiente es defensora de los derechos humanos.

"Si bien aún no es posible verificar el número exacto de muertos, heridos físicos y/o los que sufrieron daños materiales, los miembros del Comité de Entierro, creado después del ataque, testigos oculares y otras fuentes locales estiman que un mínimo de 600 (civiles) han muerto", afirmó la EHRC.

"Y dicen que es probable que el número sea aún mayor", señaló la Comisión. Asimismo, subrayó que el número de fallecidos era tan elevado y los cementerios tan limitados, que "el entierro duró 3 días" en Maikadra. Dicha localidad rural de la región etíope de Tigray (norte) es próxima a la frontera con Sudán y epicentro de la guerra.

Días antes del ataque, cuando el Ejército etíope se aproximaba a la localidad, de entre 40.000 y 45.000 habitantes (tigriñas, amharas y wolkaits, principalmente), efectivos de la Policía y una milicia local cerraron todas las salidas de la población.

También dejaron marchar a mujeres y niños de origen tigriña antes de la masacre. Esta se cometió el 9 de noviembre desde las 15:00 hora local (12:00 GMT) hasta primera hora de la mañana del día siguiente, antes de que entrara en la ciudad el Ejército etíope.

Puñaladas y estrangulamientos

La matanza fue obra, en gran parte, del movimiento juvenil Samri, ligado al TPLF. El grupo asesinó a sus víctimas mediante golpes con palos, puñaladas con machetes, cuchillos y hachas, y estrangulamiento con cuerdas.

Aunque varios grupos de Samri perpetraron la matanza, "la Policía y la milicia (…) ayudaron y directamente participaron en la carnicería al disparar a los que intentaron escapar", matizó el informe.

"El ataque de Maikadra no es un simple acto delictivo, sino una grave violación premeditada y cuidadosamente coordinada contra los derechos humanos", remarcó la Comisión en referencia a esta cruel guerra en Tigray.

A su juicio, esas "graves violaciones de derechos humanos" pueden constituir "crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra".

El informe

La EHRC basó su informe en las investigaciones de un equipo de expertos que envió a la zona. Recabó testimonios y pruebas de víctimas, testigos presenciales, familias de víctimas, socorristas, personal militar y otras fuentes. También incluyó a autoridades gubernamentales presentes en el momento de la visita.

El equipo también visitó hospitales y centros de salud y habló con sobrevivientes y otras autoridades pertinentes.

La organización pro derechos humanos Amnistía Internacional (AI) ya alertó de esta matanza el pasado 12 de noviembre. Sin embargo, no concretó el número de víctimas y se limitó a indicar que "probablemente" pudieron ser "cientos".

"Ahora es una prioridad urgente que las víctimas reciban reparación y rehabilitación, y que los perpetradores involucrados directa o indirectamente a todos los niveles rindan cuentas ante la ley". Así lo declaró este martes el comisionado jefe de la EHRC, Daniel Bekele.

"El crimen inimaginablemente atroz cometido contra civiles sin otro motivo que no sea su origen étnico es desgarrador. Sin embargo, nos consuelan las historias de etíopes que vieron más allá del origen étnico para acudir en ayuda de sus compatriotas en momentos de necesidad. Estas historias mantienen viva la esperanza de un retorno a la convivencia pacífica", añadió Bekele.

Ultimátum de 72 horas para la rendición

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, anunció este domingo una tercera y "última" fase de la ofensiva del Ejército etíope para tomar la capital de Tigray, Mekele, y derrocar al TPLF. Le dio 72 horas para deponer las armas, ultimátum que se cumple este miércoles.

Tigray, región fronteriza con Eritrea y Sudán, sigue aislada y con las telecomunicaciones cortadas desde el inicio de esta guerra el pasado 4 de noviembre por parte del Gobierno central. Empezó en represalia por un ataque del TPLF a una base del Ejército etíope en la región.

Este aislamiento hace muy difícil verificar la información de uno y otro bando sobre el terreno.

De momento, Abiy, ganador del Premio Nobel de la Paz de 2019, ha desoído los llamados internacionales al cese de las hostilidades y rechaza negociar con el TPLF para resolver la crisis. La situación ha causado cientos de muertos y la huida a Sudán de más de 40.000 etíopes.

El contencioso entre Tigray y el Gobierno federal venía agravándose desde hace meses. El retraso indefinido de las elecciones generales que se debían celebrar el pasado agosto en Etiopía fue el punto de inflexión.

Tras la demora de las elecciones por el COVID-19, el TPLF celebró en septiembre sus propios comicios parlamentarios. El Gobierno central los tachó de ilegales. De ahí que ahora busque restablecer en Tigray el "orden constitucional".

Asimismo, desde el 5 de octubre, fecha en la que teóricamente vencía el mandato de Abiy, el Gobierno de Tigray no reconoce autoridad alguna del Ejecutivo federal.

El TPLF dominó la coalición gobernante en Etiopía hasta la llegada al poder del actual primer ministro en 2018.

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