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El papa Juan Pablo I fue proclamado beato

Albino Luciani fue elegido el 26 de agosto de 1978 y se le encontró muerto en su cama en la mañana del 29 de septiembre a los 65 años

Para ser canonizado, proclamado santo, se necesitará que se apruebe un nuevo milagro (EFE/EPA/Riccardo Antimiani)

15 minutos. En una ceremonia en la plaza de San Pedro este domingo, el papa Francisco proclamó beato a Juan Pablo I, el pontífice que falleció tras solo 33 días de pontificado. Su muerte fue objeto de numerosas teorías, pero la investigación en el proceso de beatificación probó que se trató de un infarto.

Para la beatificación de Albino Luciani se aprobó el milagro a través de su intercesión de Candela Giarda, una joven de Paraná (Argentina). En 2011, cuando tenía 11 años, se encontraba al borde de la muerte por “encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna y shock séptico”. Su madre Roxana Sosa rezó al pontífice fallecido como le indicó un sacerdote argentino y al día siguiente fue mejorando.

Candela y su madre Roxana iban a estar presentes en Roma para agradecer al papa Juan Pablo II por "su segunda vida", pero no pudo viajar al haberse roto un pie.

El papa de la sonrisa, como se le conoció, fue elegido el 26 de agosto de 1978 y se le encontró muerto en su cama en la mañana del 29 de septiembre a los 65 años. El hecho hizo de su pontificado uno de los más breves de la historia y también se convirtió en el último italiano hasta ahora.

Albino Luciani (Cortesía Twitter @AngletonOrchids)

"Un pastor apacible"

"Hermanos, hermanas, el nuevo beato vivió de este modo: con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo. Él encarnó la pobreza del discípulo, que no implica solo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de poner el propio yo en el centro y buscar la propia gloria", dijo el papa Francisco en su homilía durante la beatificación.

Francisco destacó que el nuevo beato, "por el contrario, siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor apacible y humilde. Se consideraba a sí mismo como el polvo sobre el cual Dios se había dignado escribir. Por eso, decía: '¡El Señor nos ha recomendado tanto que seamos humildes! Aun si han hecho cosas grandes, digan: siervos inútiles somos".

"Con su sonrisa, el papa Luciani logró transmitir la bondad del Señor. Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, sereno y sonriente, que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada ni es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado", añadió el papa.

Proceso que restituye la verdad

Durante estos años se han escrito numerosos libros sobre la pésima comunicación sobre su muerte que dieron lugar a numerosas teorías y leyendas y diferentes hipótesis. Por ejemplo, que fue envenenado para evitar su lucha contra la corrupción financiera.

La vicepostuladora Stefania Falasca, quien dedicó más de 6 años en reunir la documentación, aseguró que todos los informes médicos, toda la documentación clínica y los historiales prueban que se trató de una muerte inesperada debida a un infarto. No se consideró necesaria una autopsia porque nada indicaba que no fuera una muerte natural y que el proceso "restituye una verdad histórica".

Sor Margherita, de 81 años, la única monja viva de las que se ocupaba del papa, explicó a los medios vaticanos "el gran dolor" que le provocó la última visión de Luciani. "Tumbado en la cama, con las luces encendidas y una hoja de papel entre los dedos, lentes y sonriendo".

"El infarto fue fulminante”, dijo sor Margherita, quien ante el por qué tanta especulación sobre una muerte, respondió: "¡Ah, bueno, porque siempre está la mano del diablo!”.

Juan Pablo I, sexto papa beato

La ceremonia que se celebró bajo una fuerte tormenta fue presidida por el papa, pero la misa la celebró Marcelo Semeraro, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, debido a los problemas de movilidad de Francisco. Comenzó con la biografía y petición por parte de Renato Marangoni, obispo de Belluno-Feltre, lugar natal de Luciani, de inscribir a Juan Pablo I en el libro de los beatos.

Francisco aceptó la petición y agregó que "Juan Pablo I, papa, en adelante se le llame beato y que se le celebre cada año en los lugares y según la establecido por ley, el 26 de agosto".

Después fue llevada al altar la reliquia de Juan Pablo I, que en este caso fue algo inédito, ya que consiste en una nota escrita en papel blanco de 1956 por Luciani que consistía en "un esquema de reflexión espiritual sobre las 3 virtudes teologales -la fe, la esperanza y la caridad" que se encontraba entre sus apuntes.

Juan Pablo I es el sexto papa del siglo XX incluido en el libro de los beatos. Para ser canonizado, proclamado santo, se necesitará que se apruebe un nuevo milagro.

Ya han sido canonizados 4 papas del último siglo: Pío X (1903-1914), Juan XXIII (1958-1963), Pablo VI (1963-1978) y Juan Pablo II (1978-2005). El papa Francisco canonizó personalmente a Juan XXIII y a Juan Pablo II en 2014, antes de beatificar a Pablo VI en el mismo año y luego canonizarlo en 2018.

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