Últimas 15minutos

El muro sigue ahí 30 años después

Según el último Politbarometer, 52 % de los habitantes del este de Alemania cree que las diferencias con el oeste superan las semejanzas

Después de 30 años, sigue existiendo una frontera invisible en medio de Alemania, que se nota en las desigualdades sociales (Omer Messinger/EFE)

15 minutos. El muro cayó, pero 30 años después, y pese a los grandes esfuerzos de cohesión, persisten las diferencias económicas, sociales, políticas y culturales entre el este y el oeste, algunas de las cuales alimentan en la antigua Alemania oriental el ascenso de la ultraderecha.

Cerca de la localidad de Probstzella, cuando la carretera 85 cruza una zona boscosa, un pequeño desvío lleva, en unos metros, a una discreta torre blanca, de base cuadrada y dos pisos de altura. Era una de las torretas con las que la Alemania comunista pespunteó la frontera con la República federal entre 1961 y 1989, desde la que se disparaba a quien tratase de huir del país.

Desde la carretera, sin embargo, apenas se percibe el momento cuando se atraviesa la antigua frontera, el actual paso entre los estados de Baviera y Turingia. Y pudiera parecer, en esa calzada uniforme, que las diferencias entre uno y otro lado se subsanaron después de tres décadas. Pero la realidad es bien distinta.

Renta, desempleo, población

Kronach, distrito de la antigua Alemania occidental, disfruta de una renta per cápita por encima de los 31.000 euros, según la Oficina Federal de Estadística. Su vecino, el distrito de Saalefeld-Rudolstadt, de la extinta República Democrática (RDA), tiene una renta per cápita que no alcanza los 24.000 euros. Más de 7.000 euros en apenas unos metros.

La frontera puede verse en otros indicadores socioeconómicos: La tasa de desempleo en Turingia el pasado agosto era 5,3 %, cuando en Baviera era 2,9 %. También es evidente en la demografía. La edad media entre los bávaros es de 43,6, por ser uno de los estados más dinámicos y ricos; en Turingia era 47,0 años, la segunda más elevada después de Sajonia-Anhalt, otra antigua región de la RDA.

Esta es la regla, no la excepción. El último informe anual sobre el Estado de la Unión Alemana, presentado en septiembre, reconoce que el poder adquisitivo del este supone 75 % del de Alemania occidental y que los salarios brutos y la renta disponible equivalen a 85 % del de la otra mitad. No obstante, en 1990 el poder adquisitivo en la RDA era 43 % del de la occidental.

"Si miramos cuál era la situación en Alemania y en Europa hace 30 años, podemos decir que la reunificación fue un golpe de suerte", aseguró al presentar este estudio el comisionado del Gobierno alemán para los nuevos estados federados, Christian Hirte. "Casi nadie podía imaginarse lo rápido que podía llevarse a cabo la reunificación y lo que conseguimos en los últimos 30 años", agregó.

Treinta años después, el muro sigue ahí
Hay quienes aseguran que la reunificación fue un golpe de suerte, aunque la mayoría del este no comparte ese sentimiento (Filip Singer/EFE)

Miles de millones de euros -muchos de ellos del impuesto de solidaridad que se instauró en los 90 y se desmantelará para una inmensa mayoría en 2021- fluyeron al este, donde se levantaron bloques de viviendas y fábricas, renovaron y revitalizaron centros urbanos e infraestructuras públicas, de colegios y hospitales hasta conexiones de alta velocidad para Internet, pasando por carreteras y vías de ferrocarril. Sin embargo, las mejoras no llegaron a todos por igual, ni igualaron el este al resto del país.

Para Hirte, se puede hablar de unas condiciones económicas que "mejoraron dramáticamente": "Si analizamos la situación en términos generales podemos mirar con orgullo y satisfacción a lo que sucedió en los últimos 30 años en los nuevos estados federados".

En muchos casos, según el comisionado, las causas de que el este de Alemania esté aún económicamente rezagado tiene que ver con "errores" políticos "previos a 1989". Cuando cayó el muro, asegura, "la RDA estaba agotada no sólo en términos económicos y financieros, sino también ecológicos, políticos y morales".

Su visión está muy extendida en Alemania, pero no es la única. Sectores políticos y muchos ciudadanos del este critican también cómo se llevó a cabo la reunificación, tanto política como económicamente, porque a su juicio se arrasó con todo lo que había significado la RDA. Muchos perdieron por el camino sus referentes sociales y culturales y cayeron en la "Ostalgie" (Nostalgia de la vida en la RDA), que explotaron con éxito películas como "Goodbye, Lenin".

La "Alemania descolgada"

Por eso, las diferencias entre Kronach y Saalefeld-Rudolstadt impregnan también lo político. Se evidencian nítidamente en las urnas, aunque ambos distritos comparten problemas como regiones despobladas, parte de lo que se llamó la "Alemania descolgada".

En las elecciones del pasado mayo, las últimas de carácter nacional, el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo en Kronach apenas 9,3 % de los sufragios y quedó como cuarto partido en el distrito. En Saalefeld-Rudolstadt quedó como primera fuerza, con un 27,6 % de los votos.

Durante las últimas tres elecciones regionales, en los estados orientales la ultraderecha logró en torno a uno de cada cuatro votos, y si no accede a ninguno de los gobiernos es por la negativa del resto de fuerzas a pactar con ellos. La diferencia con el resto del país es notable.

Sus buenos resultados en el este de Alemania están íntimamente ligados con el pasado reciente de la región. Según el consultor argentino Franco Delle Donne "hay elementos que explican el diferente éxito que tiene la ultraderecha a ambos lados de la antigua frontera".

Uno de ellos es la capacidad que tuvo AfD de catalizar la "decepción" del este por cómo se llevó a cabo la reunificación. Muchos creían que este proceso político iba a poner la región "a la misma altura política, social, económica y cultural" que el oeste. "Pero esto no sucedió. Treinta años después están en inferioridad de condiciones", asegura.

Ciudadanos de segunda

Muchos expertos comparten su opinión. El filósofo Michael Bittner, asegura que muchos alemanes del este “se sienten aún ciudadanos de segunda clase" porque consideran que Berlín desatiende sus problemas. El informe sobre el Estado de la Unión Alemana pone cifras a ese sentimiento; 57 % de los habitantes de la antigua RDA se considera "alemán de segunda" y 38 % cree que la reunificación fue exitosa.

Treinta años después, el muro sigue ahí
La reunificación no logró que los ciudadanos de ambos lados se sintieran como una sola nación (Filip Singer/EFE)

Reiner Klingholz, director del Instituto de Berlín para la Población y el Desarrollo, matiza por su parte que la "frustración" que sienten muchos ciudadanos del este proviene de compararse con cómo viven o creen que viven sus conciudadanos del oeste.

Además, prosigue Delle Donne, AfD logró articular en su discurso lo que significa "ser del este" y crear un "factor identitario", de una forma similar a como lo confeccionaron otros partidos de la nueva ultraderecha en toda Europa para atraer a los votantes. Esa identidad surge en gran medida de los sentimientos de decepción y frustración que la reunificación dejó en muchas personas.

La ultraderecha alemana supo además tejer un discurso diferenciado para la Alemania del este. Es el único partido que mantiene que la región tiene "problemas diferenciados". Así, AfD podría convertirse en un partido "regional" si cronifica su fortaleza en el este y su falta de arraigo en los demás estados federados.

Mayoría del oeste

Las demás fuerzas, incluso los postcomunistas de la Izquierda, tienden a hacer un diagnóstico común del país, sin distingos. Esa miopía puede estar ligada al hecho de que, 30 años después, la gran mayoría de sus dirigentes proviene del oeste.

Por ejemplo, de los 16 miembros del Consejo de Ministros solo dos, la canciller Angela Merkel y la ministra Franziska Giffey, proceden de la RDA. En la mayoría de instituciones públicas pasa algo similar. Y también en el sector privado. Esta falta de inclusión genera ángulos muertos en la política nacional, algo que provoca desafección al otro lado de las urnas.

Las encuestas apuntan en este mismo sentido. Según el último Politbarometer, 52 % de los habitantes del este de Alemania cree que las diferencias con el oeste superan las semejanzas. "Dicen que el oeste se olvidó del este. Y se refieren al 'establishment', a la clase política", señala Delle Donne, para quien el este tiene "problemas diferentes" porque atesora "una historia diferente".

La desconexión es palpable en Berlín. El Comisionado del Gobierno para los nuevos estados federados, pese a provenir de la extinta Alemania oriental, fue un ejemplo cuando evitó abordar el problema de la ultraderecha como una cuestión regional, pese a todas las evidencias en este sentido.

"La situación que tenemos en Alemania es normal en Europa. No la aplaudo ni la blanqueo. Es un tema que nos preocupa, pero no es un asunto específico de Alemania del este", señaló.

30 años después, la frontera invisible entre Kronach y Saalefeld-Rudolstadt sigue allí.

Ver más

Más Compartidas