15 minutos. El diputado Eduardo Bolsonaro se disculpó este jueves luego de alertar que el Gobierno podría adoptar medidas dictatoriales si “la izquierda radicaliza”, una declaración que ya había sido condenada por su padre, el presidente Jair Bolsonaro.
El hijo del mandatario aseguró que “tal vez” sus palabras fueron “inoportunas”, después de sugerir que “si la izquierda radicaliza” y promueve protestas como las que ya hubo en varios países de Latinoamérica “habrá que dar una respuesta”, que “podría ser por la vía de un nuevo ‘AI-5′”.
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Esas son las siglas del llamado Acto Institucional 5, un paquete de medidas antidemocráticas aplicado en 1968 por la dictadura -que gobernaba desde 1964 y se prolongó hasta 1985- y mediante el cual aumentó la represión, se proscribió a varios partidos políticos y se cesó a decenas de parlamentarios opuestos al régimen.
“No existe ninguna posibilidad de que vuelva de AI-5”, corrigió el diputado en una vídeo publicado en sus redes sociales.
Arrepentido
Eduardo Bolsonaro resaltó que Brasil vive en un “régimen democrático, sigue la Constitución” y, por ello, no tiene razón para inclinarse hacia el “autoritarismo”.
“La oposición va a intentar usar mi declaración para llamarme de dictador. Puede que haya sido una respuesta inoportuna, si volviera a hacerla la haría sin citar al AI-5, para evitar esa polémica”, agregó.
La sola mención al AI-5, que la enorme mayoría de los demócratas brasileños sostienen que abrió el período más tenebroso de la dictadura, generó condenas y el repudio de casi todo el espectro político, incluido el del presidente Bolsonaro.
Tinieblas
“Quien diga eso está soñando. Él (por su hijo) es independiente, pero si dijo eso, lo lamento. Lamento mucho”, declaró el mandatario a periodistas.
El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), formación de centroderecha que respalda la agenda económica liberal de Bolsonaro, condenó lo que calificó de “intenciones autoritarias de quienes no soportan vivir en una sociedad libre”.
Según el PSDB, “amenazar a la democracia es lanzar a Brasil otra vez a las tinieblas” y una apuesta en la “intolerancia antes que en el diálogo”.