15 minutos. El Gobierno de Ecuador y el movimiento indígena acordaron finiquitar los once días de protestas ininterrumpidas.
Establecieron un decreto que deja sin efecto el número 883, que reflejaba la eliminación de los subsidios al combustible.
Una solución para la paz y para el país: el Gobierno sustituirá el decreto 883 por uno nuevo que contenga mecanismos para focalizar los recursos en quienes más los necesitan. ¡Se recobra la paz y se detienen el golpe correísta y la impunidad! #DialogarEsElCaminoEC pic.twitter.com/QfeUJpUcMk
— Lenín Moreno (@Lenin) October 14, 2019
Arnauld Peral, representando a las Naciones Unidas en Ecuador, dijo que el liderazgo indígena consintió en desconvocar las protestas frente al “paquetazo” gubernamental, un ajuste económico exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Se terminan las movilizaciones y medidas de hecho en todo Ecuador. Nos comprometemos a restablecer la paz en todo Ecuador”, ha manifestado Peral, en calidad de mediador.
Festejos en las calles
Familias enteras tomaron las calles, mientras en el parque del Arbolito, epicentro de los disturbios en la capital, una multitud de manifestantes gritaban insistentemente: “¡Sí se puede, sí se puede!”.
A la zona llegaban más y más personas conforme transcurrían los minutos, concentrándose en las zonas de mayor iluminación y en ocasiones tratando de esquivar algunos cohetes que explotaban a baja altura y se desviaban de su trayectoria.
Atrás quedaban doce días de batalla campal frente a las fuerzas de seguridad, con las que se batieron en esa misma zona entre las llamaradas de neumáticos ardiendo, barricadas y espesas cortinas de humo por el masivo uso de gas lacrimógeno que hicieron las fuerzas del orden.
En la zona, los manifestantes empezaron esta noche a recoger las barricadas que les sirvieron de protección, especialmente en los últimos días, cuando las protestas se tornaron mucho más violentas y hubo una fuerte represión policial.
Cientos de indígenas festejaban asimismo la “victoria de la lucha popular” en los exteriores de la Casa de la Cultura con bailes en los que portaban sus lanzas y hacían sonar sus tambores al grito de: “¡El pueblo unido, jamás será vencido!”.
En el norte de Quito, caravanas de automóviles avanzaban en medio de un ensordecedor y constante sonar del claxon que rompió el tenso silencio de las últimas horas, en las que los ecuatorianos habían estado a la espera del inicio del diálogo.