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El Santa Claus más pobre no precisa horarios ni recursos

Víctor Rosales es un nicaraguense que, a pesar de no ser millonario y tener deudas, se la pasa ayudando y regalando a los más pobres

El "Santa Claus nica" lleva 30 años repartiendo ayuda y regalos a los menos favorecidos (Alberto González/EFE)

15 minutos. Si en el Polo Norte hay un Santa Claus barbudo, bonachón y acaudalado que reparte regalos en Navidad, en Nicaragua está su antípodas, uno morenito, sin barbas ni riquezas, que podría decirse es el Santa Claus más pobre del mundo, y trabaja sin fechas, horarios, ni recursos.

A Víctor Rosales, mejor conocido como el "Santa Claus nica", un día se le puede ver dando regalos a niños en una isla del Caribe de Nicaragua, y al siguiente entregando un ataúd en un barrio de Managua. Más que obsequios, lo que reparte es ayuda humanitaria, todo el año.

"Víctor Rosales es el 'Santa Claus nica' de todos los días", explica en su casa, ubicada en un barrio populoso del este de Managua.

Sin "trineo" y con deudas

La casa de este "Santa Claus" es espaciosa y tiene dos plantas, sobresale entre las de sus vecinos, pero no demasiado. Se nota que su dueño, Rosales, no es un hombre adinerado, y tampoco parece haber salido de la ayuda que canalizó en los últimos 30 años.

En su casa funciona un taller, pero no de juguetes, sino de rótulos de carreteras, su negocio principal, aparte de una venta de palomitas de maíz. Ambos negocios se vinieron abajo con la crisis sociopolítica de Nicaragua, que además lo dejó sin "trineo", una camioneta todoterreno.

"Tengo problemas. Mi trabajo se me cayó totalmente, si me registrás la cartera no tengo dinero. Tengo deudas, tenía mi camioneta y la perdí porque me faltaban pagar cuotas", explica.

A pesar de eso, la casa está llena de regalos por entregar: juguetes, sillas de rueda, camas o pelotas se observan apilados en diferentes puntos, especialmente en el taller. El "Santa Claus nica" sostiene que no mezcla su necesidad con la de la gente que espera su ayuda.

El secreto: la honestidad

"Víctor Rosales regala y él tiene problemas, ¿quién me va a ayudar a mí? Dios, entonces yo no voy a tocar una cosa de lo que vos me das para dar a otro, no confundo mis problemas con los de las personas que debo ayudar", sostiene en tercera persona.

Precisamente la honestidad es el pilar fundamental de su fama. Asegura que el ser transparente hace que muchas personas, donantes anónimos o casuales, le confían las donaciones porque saben que las va a entregar.

El Santa Claus más pobre no precisa horarios ni recursos
El Santa Claus de Nicaragua también regala sillas de ruedas, camas, y muchas cosas de ayuda para las comunidades (Alberto González/EFE)

Afirma que le debe su honestidad a su mamá. "Ella me enseñó el camino de la honradez, que si algo no es mío no lo debo tocar".

"Víctor Rosales no se lucra de la ayuda que las personas dan para otras personas necesitadas", insiste el "Santa Claus nica". Además, afirmó que si una donación está incompleta, él mismo aporta lo que falta, o hace préstamos para cumplir con los donativos propios.

Ser "Santa" es peligroso

Pero ser Santa Claus también es peligroso. Rosales, de 51 años, afirma que en una ocasión unos delincuentes lo esperaba en el puente de un río para robar las donaciones y matarlo. En otra ocasión, un joven le puso una pistola en la cabeza para que entregara los regalos.

La caridad lo salvó en ambas ocasiones, recuerda. En la primera, uno de los asaltantes le avisó de su plan, porque meses antes el "Santa Claus nica" conseguió ayuda para el ataúd de su hijo muerto, sin conocerlo. En la segunda, el joven desistió del asalto al darse cuenta de que los regalos eran para su comunidad.

Sin embargo, el caso que más le impactó ocurrió hace unos diez años, cuando llevaba ayuda material a una niña campesina, que lo que realmente necesitaba era un médico, porque sufría lepra de montaña. No solamente le salvó la vida a ella y a su familia, además logró darles una casa con letrina y pozo.

Por experiencias como esas es que Rosales, quien vendía caramelos en un semáforo cuando decidió ahorrar para comprar juguetes a 12 niños más pobres que él en 1989, no quiere escalar en la sociedad, pues cree que al millonario "no le interesa el dolor del que puede necesitar".

Rosales prefiere mantener la ideología de aquel vendedor ambulante que, tras regalar juguetes a 12 niños, se propuso darle a 50, después a 150, a 500, y así, hasta abarcar millones, según asegura, y convertirse en la persona que brinda regalos todo el año, a toda hora, sin importar que sea el Santa Claus más pobre del mundo.

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