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El polémico uso del dióxido de cloro en Bolivia para tratar el coronavirus

En el país abundan testimonios sobre beneficios del consumo de dióxido de cloro, pero también se comenzaron a reportar casos de intoxicación

En algunas ciudades se ven colas en farmacias para conseguir el producto, algunas incluso llegando a agotarlo (Jorge Ábgrego/EFE)

15 minutos. El uso del dióxido de cloro, una sustancia utilizada para desinfectar, como supuesta alternativa contra la COVID-19 generó en Bolivia una polémica hasta el punto de que las autoridades advierten de procesos penales por sus riesgos para la salud.

El Ministerio de Salud anunció juicios penales para los que alienten su uso, después de que el Parlamento abriera el trámite de una ley para la producción del químico defendiendo su aplicación en pacientes con coronavirus y en redes sociales circularan protocolos de aplicación, pese a las alertas de entidades sanitarias sobre los riesgos que conlleva su consumo.

Riesgos para la salud

Parte de la explicación está en la "desesperación de la población" ante un sistema hospitalario poco efectivo, dijo a Efe la directora del Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, Teresa Rescala.

La experta mencionó que las noticias de la enfermedad hacen que la población "se crea" soluciones como las que se atribuyen al dióxido de cloro.

Rescala sostuvo que este fenómeno no es nuevo, sino que comenzó hace como una década, cuando la gente empezó a utilizar sustancias como el Miracle Mineral Solution (MMS), que incluso se vinculó a ciertas prácticas religiosas, además de supuestos efectos positivos contra el cáncer, el VIH y el autismo.

La experta señaló que se deben diferenciar los efectos de la sustancia in vitro, es decir, en laboratorio, sobre en el cuerpo de una persona.

Fuera del organismo el dióxido de cloro es "un antiséptico, cuya condición química gaseosa se ha observado que puede atacar el coronavirus", precisó Rescala. Sin embargo, no puede afirmarse que esto suceda dentro el cuerpo humano.

Ya en el cuerpo "le puede hacer a cualquier célula del organismo" lo que le hace al coronavirus y con eso activar problemas fisiológicos.

En Bolivia abundan testimonios de periodistas, deportistas y figuras públicas sobre beneficios de ese consumo, pero también se comenzaron a reportar casos de intoxicación.

A juicio de Rescala, algunos estudios reconocieron "el poder cáustico" o de destrucción de tejidos que tiene a nivel gastrorrespiratorio y gastrointestinal, inclusive los daños hepáticos y renales que puede ocasionar.

"No existe ningún estudio clínico que demuestre la capacidad clínica o terapéutica que pueda tener", sentenció al especialista.

Quienes defienden el producto

Las advertencias de las autoridades no evitan que en algunas ciudades se vean colas en farmacias para conseguir el producto, algunas llegando a agotarlo.

De hecho, el doctor Federico Anze, dueño de una farmacia en Cochabamba, defiende este producto que asegura haber probado en su propio cuerpo.

Ni cura la COVID-19 ni es una vacuna, aseguró Anze sobre el dióxido de cloro, pero mantiene que este ayuda a mejorar al enfermo.

"Si se escuchan casos en Bolivia de intoxicaciones son por tomar cualquier cosa, lavandina, hipoclorito, por basura que se vende en internet", señaló.

Unas 60.000 personas, según Anze, lo adquirieron en su farmacia, ante la que se forman largas colas a diario.

Bolivia reporta unos 2.400 fallecidos y más de 65.200 casos de COVID-19, en un país de once millones y medio de habitantes, lo que según distintos estudios lo convierte en uno de los más afectados del mundo por la pandemia en comparación a su población. 

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