15 minutos. El Gobierno de Argentina buscará esta semana poner freno a la espiral de la crisis desencadenada luego de la derrota del oficialismo en las primarias y que tornó a agosto en uno de los peores meses para los mercados financieros locales.
El “agosto negro” arrojó resultados lapidarios: las acciones líderes se desplomaron un 41,5 %, los bonos se derrumbaron un 55 % en promedio, el precio del dólar en la plaza cambiaria local saltó un 35,8 %.
El índice de riesgo país trepó un 224 %, hasta los 2.532 puntos básicos, su máximo nivel desde 2005.
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Pánico en los inversores
Los inversores están en “modo pánico” desde las primarias celebradas hace tres semanas, en las que el peronista Alberto Fernández arrasó con el 47,78 % de los votos y quedó posicionado para los comicios generales de octubre.
El presidente Mauricio Macri culpó por la hecatombe en los mercados a la desconfianza que su rival electoral despierta entre los inversores.
Estos, a su vez, achacan la crisis a Macri, a quien responsabilizan de haber endeudado al país y llevarlo a un escenario de recesión, alta inflación y fuga de capitales.
Inflación alta y fuga de capitales
De cara a septiembre, se espera que el Banco Central se muestre más agresivo en sus acciones para intentar estabilizar el tipo de cambio y evitar que el pánico entre los inversores más sofisticados se contagie a los pequeños ahorristas y añada una presión extraordinaria sobre el sistema bancario con una aceleración en el retiro de depósitos.
En agosto, las reservas monetarias de Argentina cayeron en 13.793 millones de dólares, hasta los 54.098 millones.
En las calles crecen las protestas de sindicatos y organizaciones sociales, síntoma del descontento y la angustia por salarios que no alcanzan, precios que se salen de control y una economía sin horizontes.