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DeSantis: el creyente que tuvo que traicionar a su mentor para perseguir su sueño

A un año de las primarias republicanas, hay 9 candidatos que rivalizarán contra Trump, pero solo hay uno capaz de ganarle. El gobernador de Florida es el político de mayor crecimiento de los últimos años. Es la nueva cara de una derecha ultraconservadora que se enorgullese de tener un pie fuera del establishment

La rivalidad entre DeSantis y Trump por la nominación republicana promete echar chispas (Flickr)

15 minutos. Los americanos basan sus sueños en victorias y nada gusta más a los electores que un político que parece imposible de derrotar. “Un líder conservador que lucha y gana”, así describe a Ron DeSantis su comité de acción política.

DeSantis le ha dado una gran cantidad de poder al Partido Republicano, pero no ha sido un camino de rosas, también le ha dado muchos dolores de cabeza. Es la cara de la nueva derecha ultraconservadora, un rebelde con un discurso en contra de las élites.

Fue un deportista y militar que llevó los valores de esas disciplinas a las arena política. Al igual que Donald Trump, de quien fue su máximo pupilo, se siente muy a gusto con las confrontaciones, que maneja con contundencia y sarcasmo.

No es usual que los deportistas tengan aspiraciones politícas y menos aún un niño. Pero Ron las tenía desde que era un niño beisbolista, según sus compañeros y entrenadores. Lo cierto es que, de manera consciente o no, el gobernador de Florida desarrolló una carrera que, vista de manera esquemática en un papel, parece la hoja de ruta perfecta para aspirar a la Presidencia de Estados Unidos (EEUU).

Y cuando el guion de su película no estuvo allí para ayudarlo a cumplir sus sueños, encontró el apoyo milagroso de su amado exmentor.

Temeroso de Dios

Ronald Dion DeSantis nació en la antigua sede sur de Hollywood, Jacksonville (Florida), el 14 de septiembre de 1978. Ese día, la Unión Soviética lanzó una sonda espacial a Venus, mientras Jimmy Carter negociaba desde Camp David un cese de hostilidades entre Israel y Egipto. La canción más sonada en ese momento era Boogie Oogie Oogie de Tate Of Honey y la película más vista era My way home de Bill Douglas. Estados Unidos se aferraba a la industria del entretenimiento y el consumismo para intentar dejar atrás las secuelas de Vietnam.

DeSantis desciende de familias italianas que migraron a Estados Unidos durante el siglo XIX. Sus ocho bisabuelos nacieron en Italia, entre los que destacan otros nombres con la preposición “De”, como Delisio y DeOto, que tanto ha caracterizado su nombre y que ha servido a Donald Trump para uno de sus apodos favoritos. Pese a lo que se pudiese pensar y más allá de que la preposición sea popular entre apellidos de conservadores adinerados (el gabinete de Mariano Rajoy tuvo varios), ese “De” indica procedencia y no título nobiliario.

Más allá de su eterno bronceado, las raíces de DeSantis no están en Florida. Sus padres crecieron en el noreste de los Estados Unidos y se mudaron al sur buscando una mejor calidad de vida. Su madre fue una enfermera que nació en Ohio y su padre se crió en Pennsylvania, donde llegó a trabajar en una acería antes de mudarse y vivir como instalador de equipos de rating de televisión.

“Me crié geográficamente en Tampa Bay, pero culturalmente mi educación reflejaba las comunidades de clase trabajadora del oeste de Pennsylvania y el noreste de Ohio, desde la asistencia semanal a la iglesia hasta la expectativa de que uno se ganaría el sustento. Esto me hizo temeroso de Dios, trabajador y amante de Estados Unidos”, llegó a decir.

Estos orígenes familiares arraigados en el noreste del país rápidamente se convirtieron en una pieza clave de la incipiente campaña presidencial de DeSantis por esa tendencia de los candidatos a mostrar que sus raíces norteamericanas van más allá de su lugar de nacimiento.

Desde pequeño, DeSantis mostró grandes capacidades para las actividades físicas y en especial para el béisbol, deporte que sería determinante para sus aspiraciones académicas, militares e incluso políticas. Tan es así, que su comité de acción política, Never Back Down, distribuye tarjetas de béisbol suyas como parte de la campaña presidencial.

"Un líder conservador que gana", dicen las tarjetas de campaña de DeSantis (Never Back Down)
“Un líder conservador que gana”, dicen las tarjetas de campaña de DeSantis (Never Back Down)

DeSantis hizo historia en el deporte y formó parte en 1991 de la selección de niños estrellas que representó a su ciudad, Dunedin, en la Serie Mundial de Pequeñas Ligas; hazaña que no habían logrado en más de 40 años.

El béisbol llevó tan lejos a DeSantis como puede llevar a alguien que no aspire a ser un jugador profesional. Este deporte significaría el punto de partida de esa racha de éxitos que ha marcado su vida y que lo ha llevado a ser uno de los políticos más importantes del país.

Hijo pródigo del Tío Sam

Gracias al béisbol, DeSantis obtuvo una beca que le permitió estudiar en Yale, una de las universidades privadas más importantes del país. Luego de obtener una licenciatura en Historia, volvió a usar sus destrezas en el diamante para ingresar a Harvard, símbolo supremo del elitismo educativo en Estados Unidos, de donde han salido la mayoría de los fundadores de las grandes tecnológicas y políticos liberales que engrosan buena parte de su lista negra.

Luego de graduarse de Yale en 2001, DeSantis trabajó brevemente como profesor en una secundaria de Georgia, experiencia que le dio una perspectiva diferente y convertiría la educación en uno de los temas más importantes de su agenda política. Esta etapa también ha sido aprovechada por el comité político de Trump para desprestigiar su moral, acusándolo de haber sido demasiado amistoso con sus estudiantes.

Trump acusó a DeSantis de conducta inmoral cuando fue profesor de secundaria (Donald Trump@ Social Truth)
Trump acusó a DeSantis de conducta inmoral cuando fue profesor de secundaria (Donald Trump@ Social Truth)

En Harvard, DeSantis obtuvo un doctorado en Derecho que le permitió cumplir con uno de los requisitos implícitos de cualquier aspirante a la Presidencia de su país: experiencia militar.

DeSantis ingresó en 2004 a la Marina, donde ejerció funciones de asesor jurídico, fiscal federal y abogado defensor. Su trabajo como asesor legal del Equipo Uno de los SEAL lo llevó a pasar una temporada en la ciudad iraquí de Falluyah, en el apogeo de la guerra contra el terrorismo.

Dos años después, tuvo la oportunidad de trabajar directamente en uno de los escenarios más dramáticos y controversiales de esa guerra: la prisión de Guantánamo.

En 2010, obtuvo su baja honorable del servicio militar, luego de haber sido distinguido con la Medalla de la Estrella de Bronce y la Medalla de Campaña de Irak.

Como le ha ocurrido a muchos otros políticos, como al exsenador John McCain, la experiencia militar parece haber sido un punto de inflexión en las aspiraciones políticas de DeSantis.

Ese primer indicio de querer entrar en la arena política apareció en 2011 en la poco usual forma de un libro. En Sueños de nuestros padres fundadores, DeSantis ofrece un adelanto de sus principios políticos, rescatando los valores sobre los que surgió Estados Unidos y realizando fuertes críticas al Gobierno progresista del expresidente Barack Obama.

Más que un tipo cabreado

En 2012, llegó a la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos como delegado del distrito 6 de Florida, que forma parte del área metropolitana de Orlando. Ganó cómodamente las primarias republicanas y luego derrotó, por mayoría en los cuatro condados, al demócrata Heather Beaven.

DeSantis sustituyó al congresista republicano y conservador John Mica, quien fue el titular de la silla por más de 20 años y quien es recordado como uno de los más importantes patrocinantes del impeachment contra Bill Clinton.

La labor legislativa de DeSantis estuvo marcada por su batalla contra el Gobierno de Obama y los demócratas, en la que abogó por reducir el gasto fiscal, oponiéndose a programas como el Medicare y desembolsos relacionados con el cuidado del medio ambiente. También estuvo entre quienes proponían limitar los beneficios de jubilación.

Incluso, aprovechó la tarima del Congreso para demostrar su apoyo incondicional al Gobierno de Trump, en su incipiente y prometedora relación de mentor/aprendíz. Como parte de ello, criticó ferozmente la investigación del fiscal Robert Mueller sobre la trama rusa.

Como creyente del concepto de “pequeño Gobierno”, DeSantis promovió el control local de los recursos académicos y se opuso a programas federales como No Child Left Behing, pese a ser lanzado por el presidente republicano George W Bush. También apoyó una reforma a la ley de educación superior, que permitiría a los estados controlar parte de los recursos federales destinados a los préstamos estudiantiles.

Una de las cruzadas de DeSantis durante su paso por el Capitolio fue establecer límites en los cargos de los funcionarios públicos, especialmente sobre los legisladores. Propuso limitar el número de mandatos de los congresistas e introdujo un proyecto que eliminaba sus pensiones. Para demostrar que hablaba en serio, renunció a la suya.

En relación al contexto internacional, el floridano se alineó con las líneas republicanas, pero con el enfoque de un viejo halcón. Demostró su apoyo incondicional a las políticas del Estado de Israel y se opuso a cualquier flexibilización de las sanciones contra Irán. Asimismo, montó trinchera junto a otros derechistas contra una de las grandes promesas de Obama, el cierre de la prisión de Guantánamo.

Caucus razonable de chiflados

Durante su segundo período como congresista, DeSantis vivió grandes triunfos, como la fundación del Freedom Caucus y una enome tragedia, la muerte en 2015 de su única hermana, Christina, a la edad de 30 años. Aunque la causa oficial de su muerte es un tromboembolismo pulmonar, su fallecimiento ha estado rodeado de cierto misterio, en gran parte porque es uno de los pocos temas que Ron jamás comenta en público.

Christina DeSantis murió a los 30 años de un tromboembolismo pulmonar (Facebook@ Christina DeSantis)
Christina DeSantis murió a los 30 años de un tromboembolismo pulmonar (Facebook@ Christina DeSantis)

El Freedom Caucus incluye a algunos de los republicanos más conservadores y radicales del ala republicana (Marjorie Taylor Greene, por ejemplo), quienes actuaban de manera dispersa y buscaban un grupo que les diera más cohesión y fuerza a sus propuestas. El grupo en principio no fue tomado muy en serio, incluso por ellos mismos. “Teníamos veinte nombre tentativos y todos eran terribles, por ejemplo: reasonable nutjob caucus (caucus razonable de chiflados)”, dijo Mick Mulvaney, quien aseguró que eran algo más que un conjunto de “tipos cabreados”. Sin embargo, rápidamente se convirtió en una fuerza importante dentro de la derecha estadounidense que logró resultados concretos en concordancia con el Gobierno de Trump.

Luego de tres períodos en el Congreso y ante la decisión del senador Marco Rubio de dejar su curul para optar a la Presidencia, DeSantis apostó por dar el próximo paso lógico y buscar el puesto en la cámara alta. Para lograr su cometido, no se anduvo con rodeos y usó toda la artillería que podía obtener con su influencia. El arma más potente detrás de su candidatura fue el apoyo del grupo conservador Club for Growth, cuyo mayor financista es el millmillonario Jeff Yass, quien, irónicamente, fue uno de los primeros inversores de TikTok, la aplicación cuyo uso DeSantis ha vetado en todas las instituciones públicas de Florida.

Sin embargo, cuando las primarias republicanas se decantaron en favor de Trump, Rubio decidió volver a su antiguo puesto y DeSantis hizo lo mismo.

Si hubiese que evaluar la gestión de DeSantis como legislador, tanto seguidores como detractores coincidirían en que fue productiva: generó una gran cantidad de proyectos e hizo sentir su influencia. Seguramente, él se quedaría con la calificación de la Asociación del Rifle, quien le colocó la máxima nota de A+ por su gestión en favor del derecho a portar armas.

El tuit que resonó como una bomba nuclear

Diciembre de 2017 marca el inicio de esa relación simbiótica entre DeSantis y Trump, ese tándem soñado y temido para el partido republicano, que en algún momento pareció indetenible.

Ese mes, el expresidente anunció a través de un tuit que apoyaría la candidatura de DeSantis a la gobernación de Florida, incluso antes de que este hubiese anunciado su postulación.

La mejor descripción del efecto del apoyo de Trump hacia DeSantis la dio su único rival verdadero en las primarias republicanas, Adam Putnam, quien al parecer lo reconoció en una llamada con el expresidente: “Fue como cuando una bomba nuclear explota. No había nada que yo pudiera hacer”.

Antes de ese tuit, todo estaba servido para que Putnam fuese el sustituto del gobernador Rick Scott, de quien había sido su secretario de Agricultura.

Putnam parecía ser el candidato republicano perfecto: realizó una campaña basada en el librito, contaba con el apoyo de personalidades importantes, había logrado recaudar una gran cantidad de dinero y tenía una organización de base muy superior a la de cualquier candidato. Además, su cabello es del mismo color que representa a su partido, qué más se podía pedir.

El apoyo de Trump a sacó a Adam Putnam de la carrera por la gobernación de Florida (Wikipedia)
El apoyo de Trump a sacó a Adam Putnam de la carrera por la gobernación de Florida (Wikipedia)

Pero ni las 400 mil puertas que tocó su equipo durante la campaña, ni la gran cantidad de anuncios de televisión que pagaron, ni los 200 actos públicos que hizo, pudieron evitar que un outsider apoyado por otro outsider se quedara con la gobernación. El apoyo de Trump fue fulminante y después de ello no hubo vuelta atrás.

¿Y cuáles eran las posibilidades de que DeSantis ganara las elecciones sin el apoyo de Trump? Ninguna, según dijo recientemente el expresidente al expresar que se arrepentía de haberlo apoyado. “Estaba muerto como un perro; era un político muerto. Habría estado trabajando quizá para un bufete de abogados o haciendo otra cosa”.

Trump dijo que decidió respaldar a DeSantis porque el entonces congresista lo había defendido contra un esfuerzo de juicio político liderado por los demócratas.

DeSantis terminó ganando las primarias republicanas con 20 puntos por encima de Putnam, quien incluso reconoció que Trump acabó con su carrera política. El derrotado pasó al dirigir una empresa privada.

Dos piezas de un mismo muro

Trump y DeSantis fueron dos almas de derecha que se reconocieron de inmediato, dos piezas de un muro que encajaron perfectamente. Tan parecidos, tan iguales, que su relación sólo podía tener dos posibles finales: aspirar ser parte de lo mismo o ser rivales.

Si habría que escoger un video de su luna de miel, sería aquel en el que DeSantis expone la prueba máxima de lealtad a Trump: inculcar a sus hijos el culto a la personalidad del magnate.

El anuncio parece una muestra de fanatismo adolescente hacia Trump, que sólo el humor separa del ridículo. Pero DeSantis necesitaba acciones desesperadas para ganar la gobernación de Florida y para demostrar que su relación con el expresidente iba más allá del mero respaldo político. El video enviaba el mensaje de que ambos estaban dispuestos a romper las reglas de lo permitido, sin importar si los demás reían o se escandalizaban.

Jonathan Martin, de The New York Times, escribió que el apoyo que DeSantis había recibido demostraba la capacidad de Trump en la creación de una figura de rey.

La candidatura de DeSantis fue criticada por no tener propuestas concretas y completamente pensadas, más allá de la arenga conservadora y la confrontación con los demócratas.

También fue criticado por la prensa liberal de racismo en contra de su rival, el demócrata afroamericano, Andrew Gillum, exalcalde de Tallahassee, luego de ofrecer discursos en el Centro de Libertad David Horowitz, que presenta a figuras destacadas de la derecha. DeSantis negó las acusaciones y dijo que sus declaraciones no tenían nada que ver con la raza.

Finalmente, contra todo pronóstico, DeSantis ganó la gobernación -después de un reconteo- por menos del 1 % de los votos (32 mil para ser exactos).

Campo de sueños

Además de Trump, hubo otra persona que fue clave para que DeSantis lograra hacerse con la gobernación de Florida: Jill Casey Black, su esposa.

Esta mujer oriunda de Ohio resultó ser un motor fundamental en la asesoría y logística de la campaña de su esposo. No sólo ayudó a definir las estrategias; también puso su carisma y poder de convencimiento a prueba, dirigiendo las operaciones en la calle, tocando puerta en puerta y hablando directamente con las personas, una labor que sería determinante en una campaña de pocos recursos económicos.

“Tiene un don de Dios. Movería montañas por él porque es un buen hombre que hace lo correcto. Es la encarnación del sueño americano”, dijo Casey.

Hija de un optometrista y una logopeda, Casey se graduó de economista en la Universidad de Charleston (Carolina del Sur) y llegó a Florida impulsada por una vocación inesperada de periodista. Desarrolló una corta pero ascendente carrera como reportera y presentadora, experiencia que luego se mostraría muy útil para impulsar la campaña de su futuro esposo.

En 2006, el deporte volvió a marcar la vida de Ron. Pero esta vez el destino no actuó en un campo de béisbol, sino sobre un hermoso césped de golf de Jacksonville. El abogado de la Marina vio a Casey y luego se sirvió de una excusa mundana para conocerla. “Usé esas pelotas como una forma de empezar a hablar con ella”. Al final de la jornada, logró un eagle sin swing y terminó con un hándicap perfecto. “Fue el día más fortuito de mi vida”, admitió.

Por su parte, ella atribuyó el encuentro más a una confusión de parte de Ron que a otra cosa. “Mi swing era terrible y necesitaba toda la práctica posible. Mientras miraba hacia atrás, Ron estaba allí. Creía que lo veía. En realidad observaba las pelotas de golf, pero comenzamos a hablar y así nos conocimos”.

Tal vez como prueba de lo subjetiva que puede ser la percepción en esa situación y/o de los inicios de su tendencia populista, la visión de Ron contradice a la de Casey. “Iba perfectamente vestida y me impresionó su golpe”.

Este comienzo en un contexto elitesco para una pareja que luego usaría una retórica contra las élites, fue el inicio de una relación integral. Dos años después, tal vez ante la posibilidad de una muerte violenta en Irak, Ron le pidió matrimonio a Casey y se casó con amor de su vida en el impoluto traje de gala de la Marina.

Casey y Ron DeSantis se casaron en 2010 después de 3 años de noviazgo (Instagram@ Casey DeSantis)
Casey y Ron DeSantis se casaron en 2010 después de 3 años de noviazgo (Instagram@ Casey DeSantis)

Mirando hacia atrás, seguramente Ron recuerda su boda como un día perfecto, excepto por el lugar donde ocurrió. Convenientemente, el gobernador culpa ahora a sus suegros de haberlos convencido de casarse en Disney, empresa con la que ha librado una de las mayores batallas de su gestión como gobernador.

La nueva Nancy Reagan

Lo que muchas veces se usa como un comentario populista o condescendiente, es cierto en el caso de Ron y Casey. Más allá del nombre en las boletas, los floridanos votaron por una pareja y no sólo por un hombre.

“Tengo la esperanza, y creo, que seré un buen gobernador; pero lo que puedo garantizarles desde el día 1, es que Florida tendrá la mejor primera dama de los 50 estados”.

La importancia de Casey creció aún más una vez que su esposo llegó a la gobernación. Prueba de ello es que ocupa la oficina destinada al jefe de gabinete y está al tanto de todas las decisiones que se toman día a día. “No sólo es su asesora más cercana e inteligente, sino que también es su arma secreta”, declaró al diario The New York Times Jared Moskowitz, director del Departamento de Emergencias de Florida.

Dados los principios del partido, los retratos familiares son importantes para los republicanos. Pero Casey ha significado mucho más que una mujer bonita y bien vestida que embellece las fotos. No sólo participa en la dirección de la gobernación, sino que también ayuda a equilibrar esa imagen de bully tosco y poco empático que algunas veces su esposo muestra en público.

Casey ha demostrado una gran capacidad para adaptarse a cada una de las situaciones que ha tenido que enfrentar. Puede mostrarse increíblemente glamorosa, como cuando eclipsó la reelección a la gobernación, usando un elegante vestido verde de Alex Perry, con capa y guantes hasta el codo, que a muchos hizo recordar a Jackie Kennedy. Pero también puede presentarse como una mujer ruda, como ocurrió en un evento de campaña de Iowa, donde vistió (con una temperatura de 85 grados) una chaqueta de cuero negra con la inscripción “Where woke goes to die” (Donde el woke va a morir).

Casey DeSantis ha mostrado una gran capacidad de adaptarse a diferentes situaciones (Twitter@ DeSantis War Room)

La influyente revista Vanity Fair la comparó con Nancy Reagan, “la esposa política republicana más famosa de los últimos tiempos”, y la consideró la antítesis de la gélida (al menos en público) Melania Trump.

Sol y playa no deben ser sinónimos de liberalismo

La tímida victoria de Ron DeSantis no le impidió gobernar con contundencia desde su llegada al poder para continuar impulsando la agenda derecha versus izquierda. Con el apoyo de Trump desde la Presidencia y de la mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso de Florida (condicionados también por Trump), DeSantis fue capaz de sortear oposiciones y grandes obstáculos para aprobar leyes controversiales.

“En mi primer año como gobernador promulgué la ley de mayor expansión de opciones escolares en cualquier parte del país. Firmé una prohibición de las ciudades santuario. Y a través de mis nombramientos, pude moldear la Corte Suprema de Florida de ser una de las cortes más liberales de la nación a ser una de las más conservadoras”, sostuvo.

La popularidad de DeSantis fue en aumento desde el primer día de su gestión. Como lo demostraban sus ocho años de actuación política invicta, parecía inmune a las derrotas. Sin embargo, su primer revés llegó con la contundencia de la peor amenaza global de los últimos 100 años.

La pandemia de la COVID-19 ha significado el golpe más grande de la carrera política de DeSantis. Con el pretexto populista de la libertad absoluta en cualquier circunstancia, DeSantis colocó los preceptos políticos sobre los científicos y el resultado para Florida fue un tercer lugar en número de muertes (más de 86 mil) entre los 50 estados de la nación.

En marzo de 2020, DeSantis declaró el estado de emergencia y anunció medidas restrictivas. Sin embargo, presionado por la inconformidad de los ciudadanos y los empresarios -en un estado cuya economía depende en gran medida del comercio y del turismo-, el gobernador comenzó a levantar las restricciones en junio del mismo año, lo que resultó en un promedio de 11 mil nuevos casos diarios para el 15 de julio.

En septiembre del mismo año, levantó todas las restricciones y aseguró que no habría marcha atrás en la apertura económica. A mediados de 2021, Florida tuvo un promedio de nuevos casos por encima de 20 mil, cifra que saltó a 65 mil para enero de 2022.

Históricamente, los republicanos suelen destacarse y aumentar su popularidad en situaciones de emergencia -caso emblemático: Bush y el 11S-, pero la pandemia no era una catástrofe climática o un ataque terrorista, un evento que ocurre en un momento dado y al que se aborda con determinación. Se trataba de una crisis a largo plazo que exigía sacrificios con un coste político. Al final, la popularidad pareció ser el criterio más importante.

Resurgir tras el knockdown de la pandemia

Aunque no necesitara más, Ron DeSantis tenía una razón para odiar al régimen comunista chino. Sin embargo, pese al gran revés que significó la pandemia, tenía una importante legión de fieles seguidores para quienes las estadísticas parecían tener poca o ninguna importancia. Esto, aunado al apoyo del Congreso, le permitió seguir adelante con autoridad, ondeando la bandera de la libertad y el conservadurismo.

DeSantis le declaró la guerra a los valores progresistas y liberales o lo que él llama la ideología Woke. Ha aprobado leyes que están entre las más restrictivas del país en contra del aborto (ilegal luego de las seis semanas) y la identidad de género, prohibiendo la discusión del tema en las escuelas primarias públicas, el uso de pronombres distintos al género biológico y vetando libros que promuevan dicha corriente.

Esta postura le trajo un poderoso adversario a quien no titubió en enfrentar, pese a las advertencias de algunos colegas republicanos. Más que una amenaza, DeSantis vio la oposición de Disney como una oportunidad para hacer énfasis en su discurso contra los poderosos. Aprobó una ley que le permitió al estado tomar el control del distrito donde funciona el parque y nombró a dedo a la junta que lo regirá. Incluso, amenazó con construir una cárcel estatal cerca del autodenominado “lugar más feliz del planeta”.

En el terreno de la migración, DeSantis promovió una de las legislaciones más duras del país contra los inmigrantes ilegales, que exige el uso del sistema E-Verify, la entrega de datos del Medicaid y la invalidación de las licencias de conducir de otros estados.

Pero por mucho, la medida más dura que impulsó en esta materia fue el traslado de inmigrantes ilegales a ciudades santuario. “Pienso que la frontera debería estar cerrada. No creo que tengamos que pasar por nada de esto. Pero si existe una política de tener una frontera abierta, entonces pienso que las ciudades santuario deberían ser las que lidien con eso”, dijo. Por su parte, algunas ONG y funcionarios demócratas criticaron las turbias condiciones de estos viajes y propusieron que se investigara si estas personas habían viajado bajo coacción o manipulación.

Maverick vuela a la reelección con la fuerza de un huracán

A finales de 2022, Florida fue azotada por los huracanes Ian y Nicole. Esta calamidad le permitió a DeSantis desplegar todo su potencial de hombre fuerte que tanto ha cultivado y su determinada y efectiva gestión fue recompensada con un aumento exprés en su popularidad.

Esta vez, su situación ante las nuevas elecciones era completamente diferente. Ya no se trataba del candidato de pocos recursos que dependía del trabajo de hormiga. DeSantis se convirtió en el primer candidato a una gobernación de su país en recaudar más de 100 millones de dólares únicamente en donaciones (al final recogió más de 200 millones de dólares). A diferencia de su gestión, que huye de las políticas “grises”, su red de benefactores es mucho más amplia y atigrada e incluye a políticos republicanos, grandes y pequeños empresarios e, incluso, algunos donantes de Trump.

En este escenario, DeSantis buscó la reelección y su victoria fue apabullante. Ganó con 20 puntos de ventaja (mayor diferencia en 40 años) sobre el demócrata Charlie Crist y aumentó sus votos entre las mujeres y los latinos, segmentos en lo que perdió en su primera elección. Por si eso no fuese suficiente, ganó en el progresista condado de Miami-Dade, en el que no ganaba un republicano desde hace 20 años.

Esta épica victoria y su gran capacidad para recaudar fondos sentó las bases de sus aspiraciones presidenciales y les hizo saber a los republicanos y donantes que tenía el potencial para ser un líder nacional, pese a las advertencias de su antiguo mentor. “Creo que a la base no le gustaría (…). No creo que sea bueno para el partido”, dijo Trump.

La campaña a la reelección vio nacer a Ron “Maverick” DeSantis, el personaje basado en la película Top Gun, que el gobernador usó como excusa en un comercial para dictar las que, según él, deben ser las reglas de combate cerrado (Dog fighting) contra uno de sus enemigos grandes: los medios corporativos. En el anuncio vuelve a figurar su hijo, Mason (5 años), quien cuatro años antes apareció en el polémico comercial del muro. “Let’s turn and burn” (Vamos a girar y quemar), dice el niño, refiriéndose a una maniobra aérea de combate, aunque en el argot empresarial y deportivo la oración significa trabajar fuerte y rápido, cualidades que han marcado la gestión de su padre.

La actitud mostrada por DeSantis durante este comercial podría resumir lo visto hasta ahora en su segundo mandato, en el que ha profundizado y radicalizado las medidas tomadas durante su primer período.

Deshojando dos margaritas

Sería interesante saber cuál libro le lee Ron DeSantis a su hijo ahora que rivaliza con su antiguo mentor. Sería interesante saber cómo le explicará que ese hombre al que tanto admiraba, ahora le exhibe una colección de sobrenombres e insultos a su padre: Ron DeDeSanctimonious (Ron Santurrón), Ron Meatballs (Ron Bolas de Carne), Ron Puddin Fingers (Ron Dedos de Pudin).

La postulación presidencial de DeSantis fue el peor secreto guardado de la actual política estadounidense. En su primera candidatura a la gobernación, Trump se adelantó al anuncio oficial; esta vez, seguro hubiese querido callarlo.

El Congreso de Florida incluso tuvo que aprobar una ley que permite a DeSantis postularse a la Presidencia sin renunciar a la gobernación. Si bien hay un antecedente de enmienda en 2018 cuando Rick Scott se postuló al Senado, su mandato estaba por expirar, mientras que a DeSantis aún le faltan cuatro años. Además de Florida, sólo cuatro estados del país tienen una ley similar: Georgia, Arizona, Hawái y Texas.

Trump le advirtió a DeSantis, públicamente y a través de miembros del partido, que no buscara la presidencia en las elecciones de 2024. Pero el gobernador, ya con un nombre y una reputación propia formada, hizo caso omiso a la advertencia y decidió sacrificar la amistad de su mentor ante la alta probabilidad de llegar a la Casa Blanca. El final parecía previsible en dos hombres que exigen lealtad absoluta y tienen las más altas aspiraciones políticas.

A la pregunta de si se arrepiente de haberlo apoyado en su candidatura a la gobernación, Trump respondió: “Uh, sí, tal vez, probablemente sí (…). Me gusta la gente que es leal”.

Si bien el anhelo presidencial de DeSantis produjo una fisura, hasta ahora irreparable, en su relación con Trump, hubo hechos en concreto que pudieron haber colaborado o ser una consecuencia de ello. En 2019, Trump contrató a una antigua aliada de DeSantis que supuestamente fue despedida por una filtración de correos. Es una práctica habitual del expresidente, buscar a personas del ámbito de sus rivales para conseguir información que pueda usar en campañas sucias.

Te diría cosas sobre él que no serán muy halagadoras, sé más sobre él que nadie, aparte de, quizás, su esposa“, dijo Trump sobre su rival.

DeSantis, por su lado, ha esquivado caer en un intercambio de insultos con Trump, tal vez por miedo a perder ante el talento innato de su rival en inventar sobrenombres o evitando rebajarse a un nivel de rencilla callejera y mantener ese concepto de que es una versión más civilizada y controlada que su mentor.

Sin embargo, a raíz de su anuncio presidencial, DeSantis ha dejado las tímidas y veladas críticas hacia Trump por ataques más directos basados en un supuesto ablandamiento de sus posturas conservadoras y de derecha. “Le diré que no sé qué le pasó a Donald Trump”, “parece que se está moviendo hacia la izquierda”.

Trump se siente muy confiado en ganar las primarias republicanas para volver ocupar la Casa Blanca. “Si me enfrentara a él, le ganaría como a todos los demás”. Y aunque todavía aparece punteando las encuestas, su favoritismo podría estar condicionado, más aún si se toman en cuenta los procesos judiciales que enfrenta.

Según una encuesta de SSRS publicada en mayo de este año por CNN, Trump duplica en intención de votos a DeSantis (53 %/26 %) entre los votantes republicanos. Sin embargo, cuando a los votantes se les preguntó “¿A quién estarían dispuestos a apoyar?”, el gobernador superó al expresidente por un punto (85 %/84 %).

Las posibilidades de DeSantis de continuar con su racha invicta dependerán de su capacidad de diferenciarse de Trump en las primarias y de saber ganarse a sus seguidores en las elecciones generales. Deberá demostrar que es una mejor versión de su mentor, que tomó sus conocimientos y los adaptó a las normas éticas de su partido e institucionales de su país.

Es imposible pensar en Trump y DeSantis y no recordar a los personajes de Top Gun, Maverick y Iceman, dos rivales que se temían. ¿Terminarán odiándose para siempre o ocurrirá como en la película, en la que el amor por su país resultó ser más fuerte que sus ambiciones y al final lucharon juntos en contra de un enemigo común? “Todavía eres peligroso, pero puedes ser mi compañero de ala en cualquier momento”, le dice Iceman a Maverick luego de salir victoriosos en la última batalla. En el Partido Republicano -y tal vez en la política de Estados Unidos- no hay cabida para dos Maverick o dos Iceman. El destino dirá quién dirigirá el combate y quién lo verá desde el asiento trasero o desde su casa.

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