15 minutos. La ciudad de Nueva York planea quitar a los automóviles, en la legislatura que acaba de comenzar, un 25 % del espacio urbano para dárselo a usos públicos. Por ejemplo, carriles de autobús o bicicletas, nuevos pasos peatonales, zonas verdes y aceras más anchas.
“No nos gusta hablar de ‘cerrar calles’, es lo contrario: abrirlas para el uso peatonal y público“. Así lo precisó en entrevista con EFE el comisionado de Transportes Ydanis Rodríguez, nombrado por el nuevo alcalde Eric Adams, quien asumió su mandato el 1 de enero.
Además de limitar los automóviles, dentro de esos nuevos usos públicos del espacio en Nueva York también estará la expansión de las “escuelas abiertas”. Se trata de la continuación de una idea nacida en la época del confinamiento por la COVID-19 y que permitió sacar a las calles o plazas contiguas a las escuelas algunas actividades escolares.
De igual modo, la alcaldía impulsará los “restaurante abiertos” -lo que en los países hispanos se llaman terrazas-, una rareza en Nueva York antes de la COVID-19. La pandemia “animó” a que expandieran su actividad en la calle, robando a veces carriles enteros de las calzadas. En ocasiones, tienen que recurrir a “burbujas” de plástico climatizadas para permitir a los comensales soportar las gélidas temperaturas del invierno.
El plan, del que falta por perfilar los plazos y el presupuesto, se desarrollará durante todo el mandato de Adams. Al igual que Rodríguez, el alcalde es un reconocido defensor de la bicicleta y le gusta ser fotografiado subido en su sillín.
“Nuestro objetivo es ir a una ciudad donde no se necesite el carro“, dijo Rodríguez. Sin embargo, excluye cualquier medida que penalice el uso del automóvil particular.
Más bicicletas que nunca
En un día normal, se registran 530 mil viajes en bicicleta en Nueva York. Cada mes, hay 773 mil neoyorquinos que usan su bicicleta varias veces al mes.
Con un incremento anual del 4,7 % en el uso diario de las 2 ruedas, se ha duplicado el número de viajes en 10 años, entre 2009 y 2019. No obstante, su visibilidad se hizo aparente en 2020, cuando la mayoría de los locales, escuelas y negocios cerraron en Nueva York y las calles se vaciaron de automóviles.
Hoy en día, hay en la ciudad 1.375 millas (2.212 kilómetros) de carril-bici, pero solo 546 millas están “protegidas” (separadas con barreras “duras”). Esto no ha ayudado a evitar la cifra relativamente alta de ciclistas muertos en los últimos años: 28 en 2019, 26 en 2020 y 19 en 2021.
El plan del alcalde es añadir 300 millas más de carriles protegidos y considerar todas las vías ciclistas como prioritarias para su limpieza (especialmente tras las nevadas). Son “lugares de trabajo” para la creciente comunidad de repartidores de comida, que se desplazan a toda velocidad por estos carriles.
Los autobuses más lentos del país
Los autobuses de la Gran Manzana son los más lentos de Estados Unidos (EEUU), según la municipalidad. Con una media de 8 millas por hora (12 km/hora), baja todavía más en horas pico, lo que tal vez explica que el número de usuarios haya caído un 13 % en 4 años.
La alcaldía trabaja en un plan por mejorar los carriles-bus para doblar el número ya bajo de 150 millas en toda la ciudad. Sobre todo, quiere implantar un sistema de semáforos inteligentes (hay 14 mil cruces con semáforos en la ciudad) que permitan a los autobuses pasar con preferencia sobre los automóviles.
El autobús es el único medio público de transporte disponible en los barrios periféricos (y más pobres) a los que casi no llega el metro. Por ello, mejorar el servicio de autobús es esencial para elevar el nivel de vida de esos barrios y fijar a su población, evitando el éxodo, recordó el comisionado.
Peatonización avanza
Dentro de los planes del alcalde también está avanzar en la peatonalización de las calles, sin cifras concretas en una ciudad. En EEUU queda todo por hacer en comparación con modelos europeos. En Nueva York, la única zona peatonal (y no por completo) es la que rodea a Times Square, algo que se impuso con gran oposición de los comerciantes.
Todos los planes tienen como fin último mejorar la calidad del aire. Durante el confinamiento, la desaparición del auto de las calles neoyorquinas se tradujo en una caída del 23 % de la contaminación del aire por micropartículas. Por tanto, si se reducen de forma sostenida el tráfico rodado, la municipalidad calcula que se llegará a un 34 % de caída.