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Vitamina D, ¡nunca debe faltar!

Ayuda al cuerpo a absorber el calcio, uno de los principales elementos que constituyen los huesos y le dan fortaleza, mientras que su carencia ha sido relacionada con todo tipo de trastornos

Los “baños de sol” son una fuente natural de vitamina D (Silviarita/Pixabay)

15 minutos. La vitamina D es un nutriente que el cuerpo necesita para fortalecer los huesos y mantenerlos saludables. Sus propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras contribuyen a la salud del sistema inmune, la función muscular y la actividad de las células cerebrales, según la Clínica Mayo (EEUU).

Podemos disfrutar de una vida más saludable gracias a la vitamina D, según la doctora María Hernández Bascuñana, cuyas investigaciones y prácticas clínicas le confirman continuamente la importancia de este compuesto.

Entre otras funciones ayuda al cuerpo a absorber el calcio, uno de los principales elementos que constituyen los huesos y le dan fortaleza.

La docente en Inmunología Nutricional Clínica y Estilo de vida, impulsa un intenso trabajo divulgativo sobre la llamada “vitamina del sol”. Un nutriente cuya presencia resulta vital para prevenir una larga lista de dolencias y síntomas, según asegura.

(Mamen Díaz Comunicación)

El sol y sus aportes

La vitamina D es imprescindible para que el cuerpo pueda absorber calcio, el componente principal del hueso, y además regula numerosas funciones celulares, según la Clínica Mayo, en Rochester.

Este nutriente, no solo contribuye a prevenir el debilitamiento óseo, sino que además es necesario para nuestros músculos. Activan el movimiento y para nuestros nervios, que la requieren para transmitir mensajes entre el cerebro y otras partes del cuerpo, apuntan los Institutos Nacionales de Salud (NIH) estadounidenses.

La sustancia es conocida como “vitamina del sol”, porque nuestros cuerpo la produce naturalmente cuando la piel descubierta se expone a los rayos solares; y también es indispensable para que el sistema inmunitario pueda combatir las bacterias y los virus que lo atacan.

“Destapar nuestra piel, tomar el sol y cuidar nuestra alimentación, son medidas que nos ayudarán a sintetizar vitamina D", dijo.

Mencionó que "no es un tema menor: la mayor parte de la población mundial sufre deficiencia o insuficiencia de esta vitamina. Empieza a considerarse un problema de salud pública”, advierte.

La falta de vitamina D se relacionó con trastornos autoinmunes, infecciosos, alérgicos, cardiovasculares, neurológicos, óseos, inflamatorios, digestivos, cánceres, depresión, esquizofrenia, e incluso con el autismo.

“Hemos llegado a normalizar el hecho de que existan fatiga generalizada, debilidad muscular, falta de agilidad mental y pérdida de memoria en adultos de mediana edad; así como dolor menstrual y síndrome premenstrual durante la vida fértil de la mujer y osteoporosis cuando se llega a la menopausia”, según Hernández Bascuñana.

(Pixabay)

También y a menudo “nos resignamos y aceptamos como irremediables la baja fertilidad en los varones jóvenes, el estreñimiento, los problemas de sueño, los dolores aquí o allá cada dos por tres, y los cánceres que aparecen en cualquier momento por sorpresa”, lamenta.

“La vitamina D participa en todos estos trastornos y enfermedades y en un sinfín de síntomas y situaciones que soportamos, esperando que los fármacos las hagan más llevaderas, o atribuyéndolas a un declive propio de la edad”, señala la especialista.

Destaca que la característica o denominador común de todos estos desórdenes es la falta de dicha vitamina.

Consejos para estar "vitaminados"

Para aportar suficiente vitamina D a nuestro organismo y ayudar a prevenir los problemas de salud derivados de su carencia, la doctora recomienda:

1. Realizar baños de sol

Tomar el sol sin filtros “tipo cristales” o poniéndose protectores solares, entre 10 y 20 minutos diarios, en el caso de las personas de piel clara.

Un poco más de tiempo si se tiene una piel oscura, procurando exponer el máximo posible de superficie corporal, a alrededor de las 11:00 a.m. y de las 4:00 p.m. en verano.

“Una vez transcurrido esos minutos hay que proteger la piel del exceso de sol”, según esta especialista.

Añadió que las personas con fotosensibilidad (piel muy sensible a la luz solar) deben evitar exponerse al sol. Suplirán esa fuente natural de vitamina D tomando concentrados nutricionales.

“Durante el otoño y la primavera se debe aumentar el tiempo de exposición solar, efectuándola en torno a las horas más centrales del día”, puntualiza.

(Fleur Kaan/Unsplash)

2 En invierno

Tomar el sol 1 o 2 horas en las horas centrales de los días soleados, algo que resulta poco práctico por las obligaciones diarias y el clima frío.

A veces podríamos no fabricar la suficiente vitamina D “porque la radiación solar es débil para generar el estímulo suficiente. La capacidad del cuerpo de sintetizar vitamina D, se reduce a medida que pasan los años”.

“No obstante, los baños de sol invernales ayudan a entrenar la tolerancia de la piel, y prepararla para el clima templado, reduciendo el riesgo de cánceres de piel como el melanoma”, de acuerdo a esta especialista.

Añade que una reciente revisión de estudios sobre el espectro de radiación solar y su acción sobre la vitamina D, concluye que la recomendación de que “sólo se necesitan unos pocos minutos de exposición al sol (y en pequeñas porciones de piel), que hoy se sigue replicando, podría ser errónea para gran parte de la población”.

3. Mantener niveles óptimos de magnesio

H. Bascuñana recomienda que el nivel de magnesio en nuestro organismo esté muy por encima del mínimo dentro del rango considerado como normal en una analítica sanguínea.
“El magnesio beneficia de distintas maneras la presencia, las funciones y la excreción de la vitamina D, en nuestro cuerpo”, asegura.

“Para conseguirlo debemos consumir a diario alimentos ricos en magnesio, como las nueces de Brasil, los anacardos, otros frutos secos, el cacao puro o los dátiles, así como alimentos variados no desnaturalizados por la industria alimentaria”. incide.

(Pixabay)

“También debemos evitar los “ladrones de magnesio”: aquellos alimentos que reducen los niveles de este mineral en el cuerpo”, agrega.

En esta lista figuran los refrescos, la carne procesada tipo fiambre, embutidos, salchichas y hamburguesas; los alimentos a los que se agrega fosfato como conservante; las conservas en contacto con aluminio; los alimentos cocinados con instrumentos de aluminio; las tisanas, infusiones o extractos de plantas de cultivos no ecológicos; y la cafeína.

“El estrés, el tabaco y la polución ambiental son otros enemigos de la vitamina D”, concluye la doctora Hernández Bascuñana.

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