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Un peine, una trompeta o una muñeca: del Holocausto a Uruguay

En Montevideo se encuentra el primer Centro Recordatorio del Holocausto en Latinoamérica, con textos y objetos para "no borraar la memoria de lo sucedido"

El local de exposición fue reabierto en noviembre de 2019 (Alejandro Prieto/EFE)

15 minutos. Se llamaban Maria Klein, Pinkus Frank, Ide Taube o Alex Sofer, aunque para el Tercer Reich alemán pasaron a ser solo Israel o Sara. Todos sobrevivieron al Holocausto y llegaron a Uruguay, donde iniciaron una nueva vida y donaron su memoria para crear el primer centro de recuerdo de la Shoá en Latinoamérica.

El inconfundible traje a rayas del campo de concentración, un peine guardado con el sueño de mostrar una imagen digna al volver a la libertad, la trompeta de un loco por la música, la muñeca de una niña e incluso el instrumental quirúrgico de un veterinario español recluido en Mauthausen son algunos objetos personales expuestos.

El Centro Recordatorio del Holocausto, situado en la Comunidad Israelita del Uruguay, en Montevideo, nació en 1953 como Asociación de Sobrevivientes del Nazismo, que en 1965 abrió el museo en una ubicación diferente a la actual.

El local de exposición fue reabierto en noviembre de 2019, tras más de dos años de adecuación a las nuevas tecnologías y, como explica el docente e historiador Andrés Serralta, "para cambiar el relato del museo en sí, para aprovechar el acervo y para tener un espacio que permitiera que los visitantes pudieran contextualizar".

Educación, la mejor inversión

La Biblioteca Simon Wiesenthal es una de las joyas del centro. Esta atesora unos 2.000 títulos, entre enciclopedias, ensayos y artículos dedicados a la Shoá (Holocausto en hebreo) y a los derechos humanos en general.

Su responsable, Silvina Cattaneo, destaca que jóvenes, estudiantes extranjeros, investigadores e incluso grupos de teatro acuden allí a buscar documentación.

Es un "material específico que no conseguirán en otro lado, abierto a todo tipo de público y sin costo", declara la bibliotecaria. Ella considera "todo un desafío pedagógico" explicar la Shoá a los menores, pero insiste en que es fundamental no borrar la memoria de lo sucedido.

Un peine, una trompeta o una muñeca: del Holocausto a Uruguay
Varios objetos que pertenecían a sobrevivientes del Holocausto se exhiben en el Centro Recordatorio en Montevideo (Alejandro Prieto/EFE)

"Educar a un niño hace una diferencia cuando tiene que recibir a un refugiado, lidiar con víctimas de la guerra, con el diferente", apunta. Además, pone como ejemplo el trato de Alemania a los refugiados sirios tras haber asumido "sus errores" como sociedad tras la Segunda Guerra Mundial.

"A largo plazo la educación es la mejor inversión, y Europa, con la crisis de Siria, fue demostración de que no da lo mismo", insiste.

Para Serralta, el Museo de la Shoá pretende "poder transmitir a través de ese conocimiento la importancia del respeto a los derechos humanos, a las libertades civiles, inculcar la tolerancia, el respeto por el otro y, sobre todo, intentar fomentar la empatía". De esta manera sea tendrá "una sociedad más tolerante y más pacífica".

"Lo que enseñamos aquí nos invita, es una oportunidad para interpelarnos cómo cumplimos nuestro rol como ciudadanos y en qué medida participamos de aumentar el grado de tolerancia, el grado de empatía con los demás como individuos o quizás estamos con algunas actitudes que no favorecen este cambio", agrega.

Los derechos humanos

A pesar de que la Comisión Directiva cuenta con descendientes de supervivientes del Holocausto e, como la directora del Museo, Rita Vinocur, o una de las docentes, Sandra Veinstein, ni Serralta ni Cattaneo son judíos.

"Crecí en una familia donde estaban muy presentes los derechos humanos, lo que tiene que ver con el respeto al otro. Si algo tenemos en común ateos y judeocristianos es el concepto de fraternidad", explica la bibliotecaria.

En el caso del profesor de la Universidad de Montevideo, en la capital de Uruguay, su interés por el genocidio armenio le puso en la pista del Holocausto. Él empezó a estudiar "todos estos procesos de violencia masiva y por qué se producían, en qué condiciones y cómo se iban generando".

"A veces en las sociedades es difícil percibir cuando las libertades se pierden y llega un momento que ya no se puede hacer nada", señala.

La liberación del campo de concentración de Auschwitz, el 27 de enero de 1945 marca el Día Internacional en memoria de las víctimas del Holocausto.

Este aniversario "redondo" gusta más a los políticos o a los periodistas que al centro, afirma la documentalista. Este centro "está orientado a un trabajo docente", que implica "el día a día, la cuestión diaria y la perseverancia".

Mientras los expertos tratan de trasladar "conceptos de holocaustos a conceptos actuales como el 'bullying'", el visitante recorre la línea del tiempo, entre fechas, mapas y fotografías, que pone marco a la zona más personal del Museo de la Shoá, la que guarda enseres con historia, una luz tenue y el sonido incisivo del tren.

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