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¿Se convertirá el Bluetooth en nuestro mejor aliado contra el COVID-19?

Bluetooth puede desempeñar un papel similar al del GPS sin facilitar al Gobierno datos de localización y manteniendo el anonimato de las personas infectadas y de sus contactos

El llamado rastreo de contactos sirve para averiguar con quién ha interaccionado la persona infectada durante los días previos a la detección del virus (Marc Arcas/ EFE)

15 minutos. El Bluetooth, tecnología aparentemente anodina, podría convertirse en nuestro mejor aliado en la lucha contra el COVID-19.

Durante las últimas semanas, especialmente en Estados Unidos, cobró fuerza la posibilidad de llevar a cabo el famoso rastreo de contactos a personas infectadas mediante Bluetooth.

La idea es usar esta tecnología y no los sistemas de geolocalización que se utilizan en países asiáticos, los cuales originaron grandes dudas acerca de la privacidad.

El Mit, Google y Apple ya están trabajando

Esta es la apuesta del último proyecto contra el COVID-19 del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y los principales desarrolladores de sistemas operativos para teléfonos móviles del mundo, Google y Apple.

Cuenta además con el respaldo de expertos tanto en tecnología como en epidemiología.

Para reducir las infecciones de COVID-19, como en cualquier pandemia, la táctica más elemental de la que se sirven los profesionales sanitarios es el llamado rastreo de contactos.

El rastreo consiste en averiguar con quién ha interaccionado la persona infectada durante los días previos a la detección del virus para pedirles que se pongan en cuarentena y si es necesario hacerles la prueba.

Con este fin, en países asiáticos que lograron allanar la curva de infecciones como Corea del Sur, Singapur, Taiwán o la propia China -origen del brote-, las autoridades accedieron a datos personales y de movilidad de los ciudadanos a través del GPS de sus móviles para determinar cuáles fueron sus movimientos.

El ejemplo asiático, poco viable en occidente

Aunque aparentemente el sistema dio buenos resultados, son muchas las voces que lo criticaron por excesivamente intrusivo en la privacidad de las personas (al fin y al cabo, permite al Gobierno conocer e incluso hacer públicos todos los movimientos de un individuo) y parece difícil su implementación en países donde la sensibilidad con la privacidad es mucho mayor.

Ahí es donde entra en juego el Bluetooth, que puede desempeñar un papel similar al del GPS sin facilitar al Gobierno datos de localización e incluso manteniendo el anonimato de las personas infectadas y de sus contactos.

La clave es entender que la información vital para luchar contra la pandemia no son los lugares que visitó una persona, sino con quién entró en contacto.

Aunque a veces estas dos cosas se confundan, no son lo mismo, y el Bluetooth permite obtener la segunda sin recurrir a la primera.

Bondades del Bluetooth

El Bluetooth es una tecnología inalámbrica de comunicación basada en ondas radiofónicas de baja frecuencia que se usa para transmitir datos entre dos aparatos electrónicos que se encuentran en la vecindad, por ejemplo, de un teléfono móvil a otro o de un móvil a una computadora y viceversa.

Así la aplicación creada por el MIT y las que proponen Google y Apple usan estas señales que emiten los teléfonos móviles que llevamos en el bolsillo para detectar contactos entre personas (cuando dos individuos estén cerca el uno del otro, sus móviles lo reconocerán mediante Bluetooth).

Los móviles conservarán en su memoria la información de todos los aparatos con los que hayan entrado en contacto y, cuando una persona dé positivo por coronavirus, bastará con que el médico le proporcione un código QR (código de barras bidimensional que puede almacenar datos cifrados) para escanear con su móvil e inmediatamente la aplicación avisará a todos los que hayan estado en contacto con esa persona.

Sin geolocalización ni identificación

Y todo ello sin que ni el Gobierno ni las autoridades sanitarias tengan acceso a los datos de movilidad de los ciudadanos y sin que se identifique personalmente los contactos, puesto que el Bluetooth permite asignar a cada dispositivo un código que se renueva cada 15 minutos, de manera que los móviles irían cambiando de "pseudónimo" constantemente.

El sistema no es una bala de plata y existen dudas acerca tanto de su fiabilidad -al basarse solo en la proximidad entre dispositivos podrían darse falsos positivos entre dos personas que se encuentran separadas por una pared-, como de su implementación, ya que para que sea efectivo un porcentaje muy alto de la población debería descargarse voluntariamente la aplicación.

Pese a estos problemas potenciales, es la apuesta tecnológica que más tracción está ganando en EEUU en las últimas semanas y, si se prueba que es efectiva, es una buena alternativa a un método muy intrusivo y que plantear serias dudas legales en Occidente como la geolocalización. 

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