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Poemas al instante con máquina de escribir para los transeúntes en Barcelona

Esteban Garó colocó su taburete, su mesa y su máquina de escribir Olivetti frente al número 45 de la calle Tallers, donde una placa recuerda que allí vivió el escritor chileno Roberto Bolaño

Pido a la gente que me de una palabra y a partir de ahí, yo escribo, explica el chileno (Cortesía Pixabay)

15 minutos. Los escribanos hace mucho que desaparecieron de las calles de Barcelona. Por eso, el poeta chileno Esteban Garó, sentado frente a su máquina de escribir, justo delante de la casa que habitó en esta ciudad española Roberto Bolaño, parece una aparición salida de algún relato literario.

Garó no escribe cartas, como hacían antaño los escribanos, sino poemas que le piden los transeúntes, quienes, al verlo, deciden acompañar con unos versos, la rosa o el libro que acaban de comprar para regalar a un allegado, como es tradición en Barcelona en el día Sant Jordi, que se celebra hoy.

"Pido a la gente que me de una palabra y a partir de ahí, yo escribo -explica el chileno-. Por ejemplo, acaba de venir una mujer que quería una poesía dedicada a su marido muerto y me ha dado dos palabras, abrazo y cariño. Ha sido muy emocionante".

Los viandantes agradecen el poema con una moneda o un billete, "es la voluntad", aclara Garó, a quien le encantaría ganarse la vida así, pero "la policía sólo hace la vista gorda en Sant Jordi, el resto del año dice que está prohibido".

Casi sin pensar

Esteban Garó colocó su taburete, su mesa y su máquina de escribir Olivetti frente al número 45 de la calle Tallers, donde una placa recuerda que allí vivió el escritor chileno Roberto Bolaño.

"Él me inspira -asegura, señalando la placa- y los poemas me salen automáticos, casi sin pensar, gracias a él y a este lugar tan especial, con esta maravillosa palmera".

Garó intentó pedir permiso para instalarse aquí, pero no lo consiguió: "es algo que nadie solicita y burocráticamente no saben donde encajarme", aclara.

Pero él disfruta haciendo poemas por encargo porque "es una manera preciosa de acercar la poesía a la gente", así que lo convirtió en una 'performance' que organiza en su casa o en la de los amigos.

"Quizás algún día me den permiso para instalarme delante de la casa de Bolaño -dice esperanzado-. Sé que no es fácil, pero me anima saber que un grupo de poetas lo ha conseguido en el Rastro de Madrid".

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