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Hacer ejercicio muy intenso será obligatorio para viajar al espacio y aquí sabrás el porqué

Conocer los efectos de la ingravidez sobre el organismo humano tiene una importancia crítica

En su estancia a bordo de la EEI, Kelly hizo ejercicio 6 días a la semana, de una a 2 horas al día, durante sus 340 días en el espacio, del 27 de marzo de 2015 al 1 de marzo de 2016 (Cortesía Twitter @rjquijano70(

15 minutos. Desde hace unos años, las agencias espaciales de Estados Unidos (EEUU) y Europa, la NASA y ESA, respectivamente, tienen puestos los ojos en 2 ambiciosos objetivos: volver a la Luna y establecer una lanzadera o estación orbital; y viajar a Marte. Ambos retos obligarán a los humanos (astronautas o turistas) a pasar largas temporadas en el espacio, donde el ejercicio físico será clave.

Conocer los efectos de la ingravidez sobre el organismo tiene una importancia crítica. Y es que, en la Tierra, el esfuerzo del corazón por mantener el flujo sanguíneo y bombear la sangre a todo el organismo y contrarrestar la gravedad, le ayuda a mantener el tamaño y el funcionamiento. Pero en el espacio, donde no hay gravedad, el corazón se encoge.

Durante uno de esos estudios, la NASA mantuvo al astronauta, Scott Kelly, un año entero en la Estación Espacial Internacional (EEI).

Ahora, un nuevo estudio, publicado en Circulation (la revista de la Asociación Americana de Cardiología), comparó la prueba de resistencia de Kelly con la hazaña de Benoît Lecomte, un nadador de élite que en 2018 cruzó el océano Pacífico a nado para investigar el impacto de la ingravidez a largo plazo en el corazón.

La inmersión en el agua es un excelente modelo de ingravidez. El agua compensa los efectos de la gravedad, especialmente en un nadador en posición prona. Esta es una técnica de natación específica utilizada por los nadadores de resistencia de larga distancia.

En su estancia a bordo de la EEI, Kelly hizo ejercicio 6 días a la semana, de una a 2 horas al día, durante sus 340 días en el espacio, del 27 de marzo de 2015 al 1 de marzo de 2016. Utilizó una bicicleta estática, una cinta de correr e hizo ejercicios de resistencia.

Resultados de los experimentos

Lecomte, por su parte, nadó durante 159 días -del 5 de junio al 11 de noviembre de 2018- y recorrió 1.753 millas, a una media de casi 6 horas diarias. Sin embargo, el esfuerzo no evitó que su corazón se encogiera y se debilitara.

El análisis comparativo reveló que en sus pruebas, tanto Kelly como Lecomte perdieron masa de sus ventrículos izquierdos (Kelly 0,74 gramos/semana; Lecomte 0,72). Además, ambos sufrieron un descenso inicial del diámetro diastólico del ventrículo izquierdo de su corazón (el de Kelly bajó de 5,3 a 4,6 cm; el de Lecomte se redujo de 5 a 4,7 cm).

Ni siquiera los periodos más sostenidos de ejercicio de baja intensidad fueron suficientes para contrarrestar los efectos de la ingravidez prolongada, como la que hay en el espacio.

Este estudio, no obstante, recuerda que se trata de 2 hazañas extraordinarias. Para entender cómo responde el cuerpo a circunstancias extremas, harán falta más investigaciones cuyos resultados se puedan extrapolar a la población general (los potenciales turistas espaciales).

En cualquier caso, corroboró que el corazón es notablemente plástico y responde especialmente a la gravedad o a su ausencia. De todos modos, fue una sorpresa ver que "incluso los periodos extremadamente largos de ejercicio de baja intensidad no impiden que el músculo cardíaco se reduzca". Así lo explicó Benjamin D. Levine, autor principal del estudio y profesor de medicina interna en la Universidad de Texas.

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