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Confirman el aumento de ballenas de aleta en la Antártida

En 1976 se prohibió la caza de estos animales en dicha región del planeta, incluso antes de la moratoria internacional que rige para todos los grandes cetáceos

Las ballenas de aleta, que pueden llegar a pesar 70 toneladas, se alimentan principalmente de krill (Pixabay)

15 minutos. La población de rorcuales o ballenas de aleta en la Antártida muestra una recuperación por primera vez desde la prohibición de caza de estos cetáceos, según una investigación de científicos alemanes publicada este viernes.

Sendas expediciones del equipo de las biólogas alemanas Helena Herr de la Universidad de Hamburgo y Bettina Meyer del Instituto Alfred Wegener de la ciudad de Bremerhaven, realizadas en 2018 y 2019 cerca de la Península Antártica, documentaron más de 100 avistamientos de una o más ballenas de aleta. Suelen medir más de 20 metros de largo.

La mayoría de las veces había de uno a 4 animales, a veces más. Así lo informó el equipo en el estudio publicado en la revista Scientific Reports.

Fuente de alimentos

El reporte señaló que en 2 ocasiones se registraron grupos de unas 150 ballenas en la zona donde históricamente encuentran sus principales fuentes de alimentación.

Las ballenas de aleta, que pueden llegar a pesar 70 toneladas, se alimentan principalmente de krill y de pequeños bancos de peces.

Según los investigadores, estuvieron al borde de la extinción a causa de la caza indiscriminada en el hemisferio sur.

Impacto

En 1976 se prohibió la caza de ballenas en esa región del planeta, incluso antes de la moratoria internacional a la caza comercial que rige para todos los grandes cetáceos.

A partir de la década de 2000 se volvió a avistar más rorcuales comunes cerca de la Península Antártica.

El equipo de Herr y Meyer logró contar las ballenas avistadas mediante vuelos de helicópteros y drones, además de barcos.

“Los grupos de tamaños de hasta 150 animales avistados son únicos en los tiempos actuales. Se habían descrito por última vez a principios del siglo XX, cuando comenzó la caza de ballenas en la Antártida”, dijo Herr, autora principal del estudio.

“Aunque no conocemos el número total de ballenas de aleta en la Antártida debido a la falta de observaciones sincrónicas, podría ser una buena señal que la población de rorcuales comunes en la Antártida se esté recuperando casi 50 años después de que se prohibiera la caza comercial de ballenas”, añadió Meyer.

El aumento de la población de estos cetáceos tiene un impacto en todo el ecosistema antártico.

Más nutrientes

Las excreciones de los rorcuales proporcionan más nutrientes en las capas superiores del agua y esto beneficia a otras criaturas.

“Los microorganismos que se benefician de un suministro más rico de nutrientes absorben mucho dióxido de carbono (CO2), lo que supone una importante contribución a la descomposición del carbono en la atmósfera”, destacó Herr.

“El estudio confirma la continua y buena tendencia de recuperación de la población de ballenas de aleta en la Antártida”. De esta forma lo afirmó la experta en ballenas de la organización ambientalista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) Heike Zidowitz.

Sin enbargo, la especialista alertó que los peligros no se han eliminado de forma completa. “La creciente pesca comercial de krill, en particular en alrededores de la Península Antártica, plantea riesgos de capturas accidentales en las redes y reduce la disponibilidad de alimento”.

La experta de WWF señaló que esto ya está siendo gravemente afectado por los gases de efecto invernadero, ya que el calentamiento y la acidificación del agua, así como la pérdida de hielo marino, afectan con fuerza a las poblaciones de krill.

Zidowitz indicó que las ballenas también corren el riesgo de ser embestidas por buques durante sus periodos de migración. La especialista de WWF aseguró que tiene puestas sus esperanzas en el convenio de las Naciones Unidas para la protección de alta mar, que se podría aprobar en agosto.

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