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Andrés de York: el ocaso de un príncipe

El deshonor ha llegado a la vida del duque, tercer hijo de Isabel II. Es la moneda con la que la vida le paga sus placeres carnales

El monarca fue calificado como el mejor piloto de helicóptero, además de recibir el tratamiento de “héroe” por sus acciones en la Guerra de las Malvinas (EFE/EPA/Neil Hall)

15 minutos. De ser el soltero de oro, el príncipe Andrés, duque de York, el noveno en la línea de sucesión al trono de Inglaterra, pasa a ocupar la posición de un ciudadano común y corriente ante los tribunales que investigan si es cierto que haya abusado sexualmente de una menor de edad en su pasado.

Aunque la noticia anuncia que el tercer hijo de Isabel II ha renunciado voluntariamente a todas las afiliaciones militares y patronazgos oficiales, en este acto está la iniciativa de su madre. A toda costa siempre se ha presentado como una defensora y protectora de la monarquía. Para ella, su deber está por encima de cualquier sentimiento.

Para la soberana, el 2022 se presenta como un año muy importante, ya que celebrará su Jubileo de Platino. Esto la convierte en la primera monarca británica en cumplir tantos años en el trono, superando así a su tatarabuela la reina Victoria.

Pero esta iniciativa de Isabel II, que también le retira al príncipe Andrés el tratamiento de alteza real, se vio acelerada por una carta que un grupo de veteranos militares le dirigieron. En la misiva subrayaban que ostentar grados militares requiere de probidad y honorabilidad por aquellos que los llevan.

La carrera de Andrés comenzó a los 19 años cuando ingresó a la academia militar Britannia Royal College de DartmouthSu hoja de servicio llenaría de satisfacción a cualquier militar británico. Fue calificado como el mejor piloto de helicóptero, además de recibir el tratamiento de “héroe” por sus acciones en la Guerra de las Malvinas.

Ciudadano privado

Ese orgullo de sus colegas se transformó en repudio y vergüenza. El soltero de oro de Europa pasa a ser la mancha de la institución y, además de amargarle la fiesta a su madre, ha indignado a quienes han puesto su carne en el asador para defender los principios y valores del reino.

Andrés seguirá solo este difícil camino de la defensa, pues tendrá que hacerlo como un ciudadano “privado”, de acuerdo con las palabras del comunicado emitido por Buckingham, lo que quiere decir que conocerá lo que significa ser un humano común y corriente. Salir airoso, más no ileso, dependerá de las habilidades de sus defensores y de su bolsillo.

Virginia Giuffre, quien lo demanda por abuso sexual, llegó a un acuerdo con Jeffrey Epstein, el millonario amigo de Andrés, el depredador que terminó ahorcado en una cárcel, de no involucrar a otros famosos que  más de una vez obtuvieron sus boletos para volar en el Lolita Express, avión privado que Epstein utilizaba para trasladar a sus amigos a las bacanales.

Pero en esa lista no se incluyó al príncipe Andrés. Le espera un largo camino donde la vergüenza será su compañera. Hoy, como militar, siente en carne propia el significado de la palabra deshonor. Le arrancaron las charreteras.

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