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Aislamiento aumenta en un 50 % el riesgo de morir

La investigación indica que "la falta de apoyo financiero" sube el riesgo de padecer un infarto, o cualquier otro accidente cardiovascular, en un 30 %

Los datos empleados proceden de 4.316 personas con una edad media actual de 59,1 años y que fueron captados para este estudio entre los años 2000 y 2003 (Foto Eliseo Trigo/EFE)

15 minutos. Cuando palabras como aislamiento, cuarentena, confinamiento y distanciamiento social forman parte de nuestro día a día debido a la pandemia, una investigación revela que vivir solo y tener poco contacto con la familia y los amigos aumentan el riesgo de morir en casi un 50 %.

Esa es la conclusión de un estudio médico desarrollado por investigadores alemanes que han seguido durante una media de 13 años a más de 4.000 personas y que se presenta el sábado en el congreso de la Academia Europea de Neurología, que estaba previsto celebrarse en Viena y se hará ahora de forma virtual.

Menos contacto, más riesgo

Según este estudio, quienes viven aislados tienen un 44 % más de probabilidades de tener un accidente cardiovascular, como un infarto o un derrame cerebral, que aquellos con fuertes lazos sociales. En general, el riesgo de morir por cualquier causa aumenta en un 47 %.

La investigación también indica que "la falta de apoyo financiero" sube el riesgo de padecer un infarto, o cualquier otro accidente cardiovascular, en un 30 %.

"La falta de apoyo financiero significa que no existe nadie que pueda ofrecer ayuda económica o que la dada por los conocidos no se considera suficiente para resolver los problemas", explica a Efe Janine Gronewold, investigadora del Hospital Universitario de Essen (Alemania) que ha dirigido el estudio.

"Lo que este estudio nos dice es que tener relaciones sociales sólidas es muy importante para el corazón, similar al papel de los factores clásicos, como tener una presión arterial saludable, niveles aceptables de colesterol y un peso adecuado", agrega.

Resultados preocupantes

Estos resultados son "preocupantes" y "de particular interés en el actual debate sobre la pandemia de COVID-19", donde la vida social se ha limitado para frenar la expansión del virus, resalta la experta.

El estudio aisló el factor del contacto social de otros riesgos clásicos para el corazón, como un estilo de vida poco saludable debido al tabaquismo o la falta de actividad física, para evitar que incidieran en el resultado.

Los datos empleados proceden de 4.316 personas con una edad media actual de 59,1 años y que fueron captados para este estudio entre los años 2000 y 2003.

Los participantes en la investigación comenzaron sin enfermedad cardiovasculares conocidas y estuvieron bajo seguimiento médico durante un promedio de 13 años.

Al comienzo del estudio se recogió información sobre los contactos sociales de cada participante, teniendo en cuenta si tenían pareja, la relación con amigos cercanos y familiares, y la pertenencia a organizaciones políticas, religiosas o deportivas.

Peor entre hombres

"Todavía no entendemos por qué las personas que están socialmente aisladas tienen tan malos resultados", reconoce Gronewold, aunque apunta que el contacto y la sensación de tener a alguien que pueda ayudar en momentos difíciles es imprescindible para "el bienestar psicológico".

"La sensación de estar integrado y poder obtener ayuda en tiempos difíciles nos da seguridad", resume.

La investigadora afirma que la falta de apoyo financiero y el aislamiento social tiene consecuencias más graves para los hombres que para las mujeres, aunque reconoce que no es un aspecto que hayan analizado de forma sistemática.

Gronewold recuerda que está claro que contar con recursos económicos está vinculado, en general, a una mejor sanidad, una alimentación de más calidad y un estilo de vida más saludable.

Sin embargo, tal como demuestra este estudio, cuando se eliminan de la ecuación factores como ingresos, malos hábitos como fumar o síntomas como la depresión, quienes tienen escaso apoyo financiero y pocos contacto social tienen más riesgos de morir.

El aislamiento, además, es un factor de riesgo que no puede compensarse con otros hábitos saludables, como el deporte.

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