15 minutos. Venezuela vive una campaña electoral que fácilmente podría considerarse como un manual de cómo afrontar unas elecciones en una dictadura. Acá la pregunta no es si puede ganar Edmundo González, candidato unitario de la oposición. Según las encuestas, en cualquier país normal, la respuesta a esa pregunta sería un rotundo sí. Aquí, la pregunta es si van a dejar que gane y si el régimen va a entregar el poder.
Explicarle la política de Venezuela a algún extranjero de un país civilizado, sería una tarea titánica ¿Cómo explicar que el presidente actual tiene carta blanca para usar todos los recursos e instituciones del país a favor de su campaña? ¿Cómo explicar que hay 10 candidatos pero a 7 de ellos el régimen les paga para que se postulen? ¿Cómo explicar que el régimen cierre un restaurante solo porque allí comió Edmundo González o María Corina Machado?
Chavismo y las elecciones
A diferencia de los viejos regímenes dictatoriales, las nuevas dictaduras como las de Rusia y Venezuela, no niegan las elecciones, buscan manipularlas y controlarlas.
Desde que llegó al poder, el chavismo quiso demostrar que tenía valores democráticos y su principal argumento fueron las elecciones. Se jactaban de la gran cantidad de comicios que habían organizado. Pero detrás de esas elecciones y más allá de la alta popularidad que mantuvo Hugo Chávez, su movimiento siempre jugó con ventajismos: mantuvo mayoría en el CNE, modificó normas y procesos electorales, condicionó el voto de los militares y empleados públicos y usó recursos del Estado. Durante el régimen de Nicolás Maduro, el ventajismo se ha exacerbado a un punto que solo es visto en dictaduras.
A diferencia de un gobierno normal, que entiende y acepta el concepto de alternancia, el chavismo tomó el poder con la mentalidad de quedarse.
El chavismo también usó las elecciones como forma de castigo. La lista de los firmantes del referendo revocatorio de 2004, el mayor orgullo electoral de Chávez, fue usada para perseguir a los detractores y negarles empleos y beneficios. Asimismo, calificó de “victoria de mierda” las únicas elecciones que perdió, el plebiscito para modificar la Constitución. Prometió castigar a sus seguidores por no apoyarlo y finalmente terminó aprobando la gran mayoría de las leyes rechazadas, excepto aquellas que les había prometido como un regalo, como formalizar la buhonería o reducir a seis horas la jornada laboral.
Votantes
Si algo ha multiplicado el chavismo no son los panes (como decía Cristo) o los penes (como dijo Maduro), sino los votantes y evidentemente, los votantes que pueden condicionar. Cuando Chávez llegó al poder había 11 millones de electores inscritos, hoy hay más de 21 millones.
El chavismo logró asegurar una amplia base de votantes duplicando el número de empleados públicos, procesando nacionalizaciones masivas, aumentando drásticamente el número de militares y creando programas y beneficios sociales. La clave de todo esto se puede resumir en una sola palabra: dependencia.
El chavismo logró levantar 5.5 millones de personas que dependen directamente del régimen y son fácilmente influenciables. El 80 % de ellos corresponde a militares y la gran mayoría de ese porcentaje (4.5 millones) corresponde a los llamados milicianos. Este cuerpo fue creado en 2005 por Chávez y no tienen una función específica más allá de rellenar marchas y evitar que las personas entren sin pagar en el Metro. La gran mayoría de sus integrantes, son personas vulnerables, pobres y sin educación, que se sienten bien al ser tomados en cuenta y formar parte de algo.
Migración
Más allá de la publicidad negativa, la migración es la última gran noticia para las aspiraciones de Maduro y le ha dado esperanzas a su impopularidad. Al igual que ha ocurrido en otras dictaduras, como la de Pinochet, en Venezuela los emigrantes son vistos como traidores y se le niegan sus derechos de ciudadanía, como el de votar.
Alrededor de seis millones de personas, según la ONU, salieron de Venezuela durante la catastrófica crisis económica que vivió el país desde la llegada de Maduro al poder. De ese número, alrededor de 4.5 millones están inscritos para votar, pero de hecho, solo 69.000 podrán hacerlo.
De todos los electores que están en el exterior, solo 6.020 pudieron actualizar su domicilio y apenas 508 pudieron inscribirse como nuevos votantes.
“Eso (4.5 millones de votantes) equivale al 22 % de la población electoral”, dijo el político opositor David Smolansky. “Es similar a que dejarán sin votar a toda una población de los estados de Miranda y Zulia, los dos estados más grandes del país”.
Según el experto electoral Eugenio Martínez, hubo tres grandes causas del bajo registro de la diáspora. “Se debe al poco tiempo destinado al proceso y el retraso del operativo de registro. En segundo lugar, los centros insuficientes para atender la gran demanda de electores y en tercer lugar los requisitos que exigía el CNE de presentar el carnet de identidad, la residencia en el extranjero con mínimo de tres años y pasaporte venezolano vigente”.
Candidatos y Alacranes
Rusia ha sido el país que tal vez ha colaborado más a escribir ese manual de cómo una dictadura debe afrontar una elección. Y el régimen de Maduro ha seguido ese guión al pie de la letra al crear, al igual que Putin, una falsa oposición. De los 10 candidatos que competirán en las elecciones, 7 son financiados por la dictadura.
Para crear esta falsa oposición, el régimen comenzó por inhabilitar a prácticamente todos los candidatos de la verdadera de oposición. Luego, usando su control absoluto sobre el Tribunal Supremo de Justicia, creó espejos de los partidos políticos de oposición, cuya dirección fue entregada a políticos comprados.
Algún ingenuo o neófito podría preguntarse ¿ y de qué sirve crear una falsa oposición? Hay dos razones: la primera es que da una falsa imagen de pluralidad y la segunda, es que le roba votos al verdadero candidato opositor entre los votantes confundidos o comprados.
El politólogo y director de la consultora Polity, Jhon Magdaleno, afirmó al medio VPi que el porcentaje de intención de voto de todos estos falsos candidatos llamados “alacranes”, era de alrededor del 14 %, pero en las últimas semanas ha bajado a 10 %, lo que representa un 1.000.000 de votos robados. Todos ellos saben que no tienen la más mínima oportunidad de ganar, pero no están allí para eso, están allí para robar ese 1.000.000 de votos.
El perfil de esta falsa oposición es variopinto, como la de los invitados al funeral del conejo de pascua. Va desde un comediante hasta un pastor evangélico, pasando por varios políticos gatopardos. Pero todos tienen algo en común, el poder y el dinero son su máxima prioridad. Su lema de campaña más generalizado habla de “pasar la página” y olvidar los crímenes de la dictadura.
Campaña
La campaña electoral se ha caracterizado por un ventajismo atroz de Nicolás Maduro y por una persecución sin respiro a cualquier colaborador o persona relacionada con el candidato Edmundo González o María Corina Machado.
Basta con pasearse por una Caracas tapizada de oeste a este con pinturas y vallas de Maduro o entrar en YouTube o cualquier otra red social para darse una idea de su gasto de campaña. Pero tal vez el dato más elocuente es que en la primera quincena de julio, el Banco Central de Venezuela inyectó al sistema financiero la astronómica suma de 525 millones de dólares para poder costear la campaña. La cifra ya supera en 100 millones de dólares lo inyectado durante junio.
Sortear obstáculos
Del otro lado, la ONG Laboratorio de Paz señaló que al menos 78 personas relacionadas con el partido de Edmundo González, Vente Venezuela, han sido detenidas desde que comenzó a hacer campaña. Las detenciones no están vinculadas a ningún delito, salvo la acción de colaborar con este candidato.
Encuestas
La gran mayoría de las encuestas, imparciales y reconocidas, dan una ventaja promedio a Edmundo González de unos 20 puntos.
En un sondeo realizado en hogares entre 18 y 24 de junio de 2024, la encuestadora Delphos recogió una intención de voto de 53,7 % para González y de 25,3 para Maduro. El resto de los candidatos obtuvo un 8 %. Asimismo, otra encuestadora de larga data en el país, Consultores 21, dio a González un 57 % y a Maduro un 28 %.
Desde que comenzó la campaña, encuestadoras nuevas y desconocidas dan como ganador a Maduro. Incluso, algunas encuestadoras de antiguo renombre en el país como Datanálisis e Hinterlaces también le dan la victoria por un margen de 20 %. Sin embargo, la parcialidad mostrada por sus directores hace presumir a los expertos que se trata del uso de las encuestas como propaganda.
El presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, recientemente viajó a Londres junto a otros lobistas para exponer los supuestos aspectos positivos del régimen de Maduro. En tanto, el presidente de Hinterlaces, Oscar Schémel, tiene un programa de televisión en el canal de televisión del empresario Raúl Gorrín, quien tiene orden de captura de parte de Estados Unidos por sus negocios con el régimen.
La agencia de noticias AFP, también atribuyó “datos inexactos a cuatro encuestadoras desconocidas (Datincorp, Meganálisis, Datanálisis y Hercon) que dan como ganador a Edmundo González.
El sociólogo y doctor en procesos políticos contemporáneos Juan Manuel Trak sostiene que Venezuela acumula ejemplos de sondeos manipulados con fin propagandístico.
“En contextos democráticos normales, las encuestas son una fotografía de cómo se distribuye el electorado entre las diferentes ofertas políticas de una elección dada, que puede variar desde el momento que se hace la encuesta hasta la elección”, explica. Sin embargo, también existe un escenario donde su uso en sistemas autoritarios de gobierno busca generar matrices de opinión falsas. Es el caso de Venezuela, asegura.
“En el caso venezolano, las encuestas están siendo sistemáticamente usadas como arma de propaganda electoral para generar un clima de opinión sobre el posible resultado de la elección”, comenta Trak en conversación con la Voz de América.
El analista Jhon Magdaleno dice que el régimen está haciendo todo lo posible para rebajar la brecha que mantiene a González por encima en las encuestas. “La ingeniería electoral está configurada para eso”, dijo. Sin embargo, considera que, por medios legales no es posible reducir esa desventaja. “¿Cómo pueden rebanar esa diferencia? Con irregularidades ¿Pero cuántos votos pueden ganar con irregularidades, 200.000, 300.000? No veo la forma en que puedan reducir esa diferencia.
Boleta electoral
Cualquiera que vea el tarjetón electoral de las elecciones presidenciales de Venezuela pensaría que ha sufrido un mareo repentino. Como si hubiese adquirido la habilidad de Madrox -personaje de los X-Men-, Maduro se multiplica hasta 13 veces en el tarjetón, 7 veces más que cualquier otro candidato. La tarjeta de Edmundo González aparece 3 veces en el tarjetón, en medio de un mar de alacranes, como fichas de dominó bien revueltas. Su rostro aparece disperso en el medio, alejado de las tarjetas de los bordes, fáciles de ubicar y de identificar. Incluso, para generar más confusión, uno de los alacranes lleva el mismo nombre “Unidad”, que identifica a González como candidato unitario de la oposición, que ha tenido que publicar tutoriales para evitar que los votantes se confundan.
Observación
El Consejo Nacional Electoral prometió una “veeduría amplia” para las elecciones. Sin embargo, revocó la invitación a uno de los observadores más reconocidos y con más conocimiento del sistema electoral venezolano, la Unión Europea, por no retirar todas las sanciones al régimen.
Por su parte, la ONU envió a principios de julio una misión de cuatro expertos que observarán las elecciones basado en lo convenido en los Acuerdos de Barbados. La comisión realizará “un informe independiente e interno” que será remitido al secretario general del organismo.
En tanto, el Centro Carter confirmó que desplegará una misión electoral, sin embargo, a diferencia de años anteriores, esta tendrá un alcance limitado.
Dos antiguos aliados del chavismo, los presidentes de izquierda Luiz Ignacio “Lula” Da Silva y Gustavo Petro, dijeron en principio que no enviarían observadores a las elecciones. Sin embargo, a mediados del mes de julio, el gobierno de Brasil dijo que sí lo haría.
El CNE prometió la convocatoria a una “veeduría amplia” a la Comunidad de Estados y Caribeños (CELAC), Comunidad del Caribe (Caricom), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniorec), el Panel de Expertos de las Naciones Unidas, la Unión Africana, el Centro Carter, el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica, entre otros.
Día de la elección y resultados
La jornada electoral en Venezuela comienza con el llamado toque de diana, un sonido de corneta que hace sonar el chavismo por toda la ciudad a través de megáfonos.
El proceso de votación comienza, en teoría, a las 6 de la mañana y termina a las 5 de la tarde. Sin embargo, en las últimas elecciones, el régimen ha alargado el proceso de votación hasta las 7 e incluso 8 de la noche, para buscar y llevar a sus votantes.
Contrario a las leyes, durante ese día el chavismo ejecuta un plan de acción que buscar intimidar a los votantes opositores y controlar a los suyos.
Una de las denuncias más reiteradas por ONG y observadores internacionales es la implementación de los llamados “puntos rojos”. Son instalaciones que el chavismo coloca cerca de los centros de votación para verificar quién votó y quién no.
Gracias a estos puntos nació el llamado carné de la patria, cuyo escaneó del código QR permite verificar los datos del votante.
Francisco Castro, director de la Asociación Civil Súmate, explica que son puntos de “control político” donde se llevan a cabo diversas actividades, como repartición de beneficios, control de la estrategia de movilización del partido de gobierno o la implementación de tecnología para escanear el código QR del carnet de la patria (considerado un mecanismo de control social).
Otra de las irregularidades que se ha presentado en elecciones anteriores son apagones, cortes de internet y bloqueo de redes sociales. Estos cortes han sido registrados por organizaciones como Netblocks.
⚠️ Alert: Twitter, Instagram, Facebook, Messenger and YouTube restricted in #Venezuela on day of National Assembly leadership vote; real-time network data show social media cut or intermittent for subscribers of state-run provider CANTV; incident ongoing 📉 #5Ene pic.twitter.com/f8ktmzvdDr
— NetBlocks (@netblocks) January 5, 2020
Con un control casi absoluto sobre el CNE, el resto de las instituciones del Estado y las Fuerzas Armadas, hay mucha incertidumbre sobre si Nicolás Maduro reconocerá una hipotética derrota y entregará el poder.
El pasado 18 de junio dijo que habría una guerra civil y un baño de sangre si pierde las elecciones. Dijo que en ese caso, se vería obligado a lanzar a la calle a grupos armados y a los militares para controlar el país. “Sería una revolución sobre otra; una revolución armada sobre una revolución”.
No es la primera vez que Maduro amenaza con mantenerse en el poder. En 2017, durante un acto público, dijo que estaría dispuesto a ir a las armas si no logra su cometido con los votos.
Un elemento que aumenta la incertidumbre por lo que pueda ocurrir tras las elecciones, es el inédito largo tiempo de transición. Históricamente, en Venezuela el período de transición entre un gobierno y otro duraba dos meses. Sin embargo, esta vez será de seis meses por decisión de Maduro ¿Por qué quiso tanto tiempo? ¿Qué podría hacer durante ese tiempo? Nadie lo sabe.
De ganar las elecciones, Edmundo González será un presidente que deberá gobernar con todas las instituciones del Estado controladas por el chavismo. Si se guía por valores democráticos, no hay manera de que pueda gobernar en esas circunstancias. Será un presidente simbólico sin poder real. La única opción que le quedará será convocar una Asamblea Constituyente para renovar todos los poderes, tal como hizo Chávez en 1999.