Mano, Tengo Fe: los venezolanos no pierden las esperanzas ¿pero en qué?

Una frase de unión y motivación simboliza el sentir, dentro y fuera de la cancha, de los venezolanos, quienes afrontan un momento histórico que marcará el destino de su país

Muchos, dentro y fuera del ámbito político, se han aprovechado de la frase, de buena y mala fe (X/ La Vinotinto)

15 minutos. La Vinotinto, la selección de fútbol de Venezuela tendrá este viernes uno de los momentos más importantes de su historia. Celebrará un aniversario más de su independencia, enfrentando al conjunto de Canadá en los cuartos de final de la Copa América.

La Vinotinto tuvo su mejor comienzo en ese evento. Por primera vez ganó todos los juegos de la fase eliminatoria. Esa actuación le permitió lograr un hecho histórico para el fútbol mundial. Se convirtió en la selección que más puestos ha subido en el ranking FIFA durante un torneo (del 54 al 36) gracias a los 59 puntos conseguidos con sus tres victorias.

El juego de hoy y el momento de éxito que vive La Vinotinto, que además está cuarta en la clasificación al Mundial 2026, es muy importante por muchas razones, varias de ellas fuera del ámbito deportivo.

Venezuela está a solo 23 días de unas elecciones presidenciales históricas que podrían marcar el fin del autoritarismo chavista y del régimen de Nicolás Maduro, que originó la peor crisis económica y social en la historia del país, marcada por el hambre y la emigración de 6 millones de venezolanos (cifra oficial de la ONU).

Mano, Tengo Fe

En este contexto de polarización política y alejamiento de su país, la golpeada diáspora venezolana, víctima de xenofobia y problemas económicos, ha visto en La Vinotinto ha visto una fuente de alegría y de conexión con su país, algo que los une a todos y les otorga un sentido de identificación nacional.

Y fue entre estos emigrantes que extrañan y sienten nostalgia por su país, donde parece haber nacido una frase que ha unido a todos los venezolanos, dentro y fuera del campo, y los ha motivado hacia un logro en común: “Mano, Tengo Fe”.

“Ya es parte de nuestra identidad como equipo, ya es algo de nuestro fútbol, que ha calado en los aficionados y en todas las categorías de La Vinotinto”, dijo Salomón Rondón, capitán del equipo y máximo goleador histórico.

Muchos, dentro y fuera del ámbito político, se han aprovechado de la frase, algunas veces de buena fe, otras veces de mala fe.

Al igual que el eslogan “Sí se puede”, que la empresa más importante del país usó en la década del 2000 como parte de una campaña comercial y subliminalmente política para decirle a los venezolanos que sí era posible salir de Hugo Chávez, Mano, Tengo Fe, parece ir más allá del simple juego de fútbol y tener aspiraciones sociales, económicas y políticas en una nación que tiene esperanzas de dejar atrás un período muy oscuro de su historia.

Aunque no está claro de dónde salió la frase, basada en la película Rápido y Furioso, algunos se la atribuyen a algunos jugadores y otros a personajes de las redes sociales, la publicación más antigua que se conoce es de Facebook y data del 2020.

Propaganda vinotinto

La Vinotinto es usada como propaganda, así como el régimen lo hizo con los atletas olímpicos y su llamada Generación de Oro, cuyo máximo exponente, el esgrimista Rubén Limardo (oro en Londres 2012), terminó emigrando y repartiendo comida en Polonia ante la peor crisis económica en la historia de su país.

Detrás del uso de La Vinotinto como propaganda política hay un poderoso hombre clave, Jorge Giménez, el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol desde 2021.

Este joven y bien parecido empresario de apenas 37 años ha impulsado el acercamiento entre selección de Venezuela y el chavismo como nunca antes.

En 2023, durante un acto público, Giménez prometió a Maduro que sería el primer presidente en llevar a la selección a un Mundial.

Detrás de este acercamiento hay dinero, mucho dinero de PDVSA, de CLAP (cajas de comida que reparte el régimen) y muchos otros negocios escabrosos del chavismo en los que se ha involucrado Giménez como protegido de la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, con quien ha recorrido el mundo promocionando sus negocios y el de sus financistas. El portal Armando.Info, que ha investigado ampliamente sus negocios, lo ha calificado como el sucesor más importante de Alex Saab.

Aprovechando la flexibilización de las sanciones y la nueva bonanza del chavismo, gracias a negocios turbios, una de las primeras cosas que hizo Giménez, fue retomar el contrato para vestir uniformes Adidas, luego de seis años luciendo camisetas Givova.

Asimismo, al igual que hizo Chávez con casi todos los símbolos patrios de Venezuela, Giménez también quiso dejar la huella de su legado y modificó el logo de la federación.

El alcance de su influencia y sus negocios puede apreciarse en cada aspecto de La Vinotinto. La selección recibió 3 millones de dólares por su pase a los cuartos de final. La cifra es exageradamente alta si se toma en cuenta que el salario mínimo del país es de 3,5 dólares mensuales.

Hasta hace unos años el chavismo había mantenido cierta distancia con el fútbol venezolano. En parte porque a Chávez solo le interesaba el béisbol y también porque no eran muy populares en ese ámbito. “Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”, era uno de los cánticos infaltables en todos los estadios, sobre todo cuando jugaba La Vinotinto.

Era madurista

Pero como pasó con casi todos los ámbitos del país, con la llegada del totalitarismo de Nicolás Maduro, esa distancia se desvaneció y en el mejor de los casos es difusa. Hoy en día, el 90 % de los equipos de la liga profesional de fútbol del país está financiada por el régimen o personas allegadas al mismo. Incluso, uno de ellos, el equipo de la Universidad Central de Venezuela, es financiado por el DGCIM, la policía de inteligencia militar, acusada por la ONU de apresar y torturar presos políticos.

Con la llegada de Giménez a la FVF, esa cercanía entre el régimen y La Vinotinto se estrechó. En 2023, el principal banco del régimen, el Banco de Venezuela, bajo el eslogan “Todos Somos 1”, anunció una alianza estratégica con la Federación Venezolana de Fútbol. Incluso, uno de los jugadores más emblemáticos de La Vinotinto, Yeferson Soteldo, es imagen del banco.

El chavismo ha tratado de aprovechar esa falta de conciencia política que por antonomasia ha caracterizado al deporte y los deportistas. Cuando se ha tratado de impedir que el régimen use a La Vinotinto como propaganda, los funcionarios del gobierno más sectario en la historia de Venezuela, han pedido que no se politice a la selección porque es de todos los venezolanos.

Esa fue la respuesta que recibió el entrenador Rafael Dudamel en 2017 cuando, en medio de una feroz represión contra jóvenes manifestantes, en la que decenas fueron asesinados, envió un mensaje directo a Maduro luego del pase de Venezuela a la final del Mundial Sub-20.

“Hoy la alegría nos la ha dado un chico de 17 años y ayer murió uno de 17 años. Presidente, paremos ya las armas. Esos chicos que salen a la calle lo único que quieren es una Venezuela mejor”. Es la declaración más directa y explícita que ha hecho alguien relacionado con La Vinotinto en contra del régimen de Maduro.

En la Venezuela actual, es impensable una declaración de este tipo. Todos los que están alrededor de La Vinotinto prefieren mirar a un lado, hacer silencio, jugar al fútbol y regalarle alegrías a los venezolanos que les permitan soportar la penurias que viven y soñar con un futuro donde la felicidad se extienda más allá del campo de juego.

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