Una idea y muchas sonrisas

El abandono de niños es un tema que muchas veces nuestra sociedad deja de lado, del que generalmente nos preocupamos solo cuando vemos alguna estadística de algún país lejano,  fue esto lo que motivo a dos jóvenes universitarios a emprender un proyecto, donde el resultado fuera la felicidad de unos niños.

Adopta un Hermano tiene su origen en un programa creado en Israel en 1974. La experiencia de dos jóvenes universitarios que invitaron a cuatro niños vagabundos a su universidad fue el punto de partida de un modesto proyecto experimental bajo los auspicios del Instituto Weizmann de Ciencias.

En la actualidad se ha convertido en una de las organizaciones de tutorías más grande del mundo, con la participación como tutores de cerca del 20% de los universitarios israelíes y alrededor de 45 mil niños junto a cientos de escuelas. Contribuyendo, según evaluaciones del programa en Israel, principalmente a la disminución de las tasas de delincuencia juvenil y de deserción escolar.

Y como todo lo bueno se imita, en Chile llevaron a cabo este proyecto, con muchas ganas de hacer algo grande, partieron por invitar a los jóvenes universitarios a integrar esta gran obra y en 1999 la Fundación para la Superación de la Pobreza, asume este programa y lo implementa en el país, adaptándolo a la realidad chilena.

Con publicidad en distintos medios de comunicación logran hacerse campañas, la idea es que los jóvenes durante 8 meses, se vinculen con uno o dos niños, entre 8 y 12 años, para promover habilidades, capacidades y aprendizaje,  a través de una tutoría personalizada en alianza con la familia, la escuela y la comunidad.

Hoy en día la campaña Adopta un Hermano se desarrolla a lo largo de todo Chile, donde jóvenes participan como tutores de niños de distintos problemas sociales, conociendo sus realidades y siendo utiles para su sociedad.

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